Blanco y Negro y Azul




La princesa Soledad miró hacia todos lados, perdida entre la multitud. Su alrededor estaba repleto de hombres grises; monocromáticos, uniformes. Todos vestían la misma ropa, todos llevaban el cabello de la misma manera.


Quiso acercarse a ellos y preguntarles por qué eran así; que le explicaran la razón por la cual habían perdido el color. Cuando fue a tocar el hombro de uno de ellos, éste la ignoró y siguió hablando con su compañero en un idioma lineal y pesado. La princesa Soledad tampoco entendía qué era lo que se decían entre ellos.  Le daba la sensación de que hablaban en otro dialecto, pues aún a pesar de que entendía las palabras por separado, cuando trataba de unirlas, no le veía sentido a la frase que su cabeza hilvanaba.

Lo peor de todo aquello era, para Soledad, que esas personas eran con las que compartía el mundo, e, hiciera lo que hiciera, su vestido azul celeste siempre destacaría entre la multitud acromática. Y sus palabras elocuentes serían inentendibles, y, por ello, acabarían ahogadas en los pozos del silencio.







Really?




Sofía se sentó en el muelle, con los pies hundidos en el cristalino agua. Sus piernas se bambolearon lentamente, hasta que algo las hizo detener. Ese algo hizo que la joven se pusiera tiesa como un palo, y que su corazón se ralentizara una pulsación para, seguidamente, bombear más rápido de lo normal. En el salado mar encontró una parte de ella que era suya y a la vez no; su reflejo en las aguas. Éste le mostraba una imagen que la hacía sentir vacía; que le hacía ver la persona tan decadente que era y todo lo malo que tenía que cambiar. Cualquier individuo, a simple vista, habría sido incapaz de diferenciar entre el reflejo y la original, pero eso, obviamente, a Sofía no le pasaba.

Se podría decir que, exteriormente, ambas eran idénticas. La diferencia se hallaba en los ojos. La mirada de Sofía era hueca, opaca y cansada; estaba envenenada por la desdicha de vivir en un mundo monótono en el cual ella siempre era espectadora y nunca protagonista. Por otro lado, y en contraposición a la joven, la pupila de su reflejo en el muelle destilaba confianza, seguridad y tenacidad.

Sofía sintió miedo y pensó que, tal vez ella era un simple reflejo y lo que mostraban las aguas era su yo real.






Mi pedir disculpas. Sé que tengo un pelín abandonado el blog pero es que este verano he estado pegando muchas patadas y, ahora, con el inicio de la universidad y el estrés he estado más vaga de lo normal. Prometo hacer lo posible para actualizar con más regularidad. 

Ah, por cierto; ¡¡tengo un netbook!! Aisshh, es que estoy muy ilusionada. Me lo he comprado para tomar apuntes en la facultad ;_; Espero que me sea útil *-*

Un beso, personajillos (L)

PD: La entrada la he revisado por encima; luego la miraré más a fondo. Si veis algún error, avisadme D:

Hacía mucho tiempo...



Hacía mucho tiempo que no escribía. Si bien era cierto, de vez en cuando se sumergía en algún bosquejo que otro, pero para ella eso no era escribir. Para ella, escribir era pasarse hasta altas horas de la noche garabateando un relato que, anteriormente, mantuvo su mente encadenada. Una envolvente historia, cuya absorbente trama no paraba de danzar entre sus sesos; ávida de ser conducida a un magistral desenlace.

La joven tejedora de historias se planteó seriamente si aquel sería su final; si el tedio y la rutina veraniegos habían conseguido hacerse con ella. Sintió nostalgia. Nostalgia de sus madrugadas en vela frente a un folio en blanco y con sus miles de ideas en la cabeza. Nostalgia por los días de escuela en los que, en lugar de tomar apuntes sobre la conquista de Jaume I, estuvo navegando en un universo de tinta, papel y sueños. Nostalgia. Nostalgia. Nostalgia.

Hacía mucho tiempo que no escribía. Lo mejor sería dejar esa fase de sequía creativa atrás, coger un bolígrafo bic, y volver a hacer lo que tanto le gustaba.




Porque no hay nada que supere a la fantasía

Porque no hay nada que supere a la fantasía

Érase una vez...

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