Blanco y negro



           Quizá sea el mundo, que simplemente no nos entiende. Nosotros quisimos ser un amanecer en una triste noche de invierno. Y quizá aquella fue la razón por la que nos dolió tanto; por la que sufrimos tanto. El frío es el que nos obliga a ser alguien distinto; alguien roto y perdido. Quisimos ser un amanecer aquella oscura noche de invierno en la que solo el triste halo de las farolas iluminaba las calles. Y dolía ¡Claro que dolía! Como sigue doliendo ser dos personas diferentes que se aman en un mundo demasiado cuadriculado para un nosotros.

           El blanco y el negro, nada más. No existe el gris, ni el violeta. Ni el azul añil de los amaneceres de otoño. Ni el naranja ahumado de las hojas secas que caen de los olivos. Porque ellos solo ven las hojas del ciprés; siempre iguales, siempre verdes. Y olvidan lo especial de las cosas. Y es por eso, cariño, que estamos tan solos.

           Nos dicen que navegamos sobre las nubes cuando ni siquiera han descubierto que sobre ellas es divertido desanclar. Nuestro mundo será confuso y estará perdido pero dentro de él nos tenemos a nosotros. Y nadie, absolutamente nadie, podrá convertir nuestra primavera en invierno.







Premio Liebster Award


            Holita a todos. La mayoría de vosotros sabéis que no suelo hablaros de mí habitualmente, a no ser que sea por alguna situación concreta. Esta página está más bien destinada a compartir textos míos y si os interesa enteraros de mis trabajos o cosas más personales tenéis mi página de Facebook. Aún así me ha nominado Aída Aisaya, del blog Sonámbula que no despierta, al premio Liebster Award y como me ha hecho ilu pues aquí me tenéis. Muchísimas gracias por nominarme, cielo. ¡Me siento especial!



       Las normas del premio son:
  • Agradecer al Blog que te ha nominado y seguirlo.
  • Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
  • Nominar a 11 Blogs que tengan menos de 200 seguidores.
  • Avisarles de que han sido nominados.
  • Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.
       

Las 11 preguntas que me han hecho son:


       1.- ¿Cuánto tiempo llevas con el blog?

       Este blog lleva en funcionamiento desde 2009. Era una cría y creo que hacía poco que había empezado a existir la plataforma blogspot. Antes de este blog tuve otro en el que publicaba una historia semanalmente y que terminó desapareciendo.


       2.- ¿Recuerdas el libro que te enganchó a la lectura?


       Empecé a leer de pequeña, con unos siete u ocho años. El primer libro que leí (o que yo recuerdo haber leído) fue Harry Potter.

       3.- ¿Cuál es tu personaje ficticio favorito?

       Durante mucho tiempo fue Kirtash de Memorias de Idhún. ¿Quién no ha querido a Kirtash? Es como el sueño de cualquier preadolescente solitaria y asocial. Un chico inteligente, guapo, misterioso... ¡Afú! Ahora no sabría cuál decir. Me habéis pillado en blanco, sinceramente. Si dijera personajes que me gustaran hablaría de algunos de mis novelas y quizá otros de Harry Potter. Pero no sé. Mejor dejemos esta respuesta como válida, ¿de acuerdo?

       Acabo de caer en Heathcliff de Cumbres Borrascosas. Lo amé a él y a su atormentada relación con Catherine.


       4.- ¿Has leído algún libro de terror? ¿Te gustó? ¿Te daba miedo?


       Pues he leído una recopilación de relatos de Poe. ¡Y tengo otra de él de sus historias traducidas por Cortázar e ilustradas! Soy una fangirl de él, por muy tonta que parezca. Y sí, me gustó mucho la narrativa de terror de Poe. Sus relatos del Barril Amontilado y el del Corazón delator me dejaron los pelos de punta. Lo contaba de una forma que, sobre todo en el Corazón delator, hacía creer que era real; que estabas en la cabeza de ese psicópata. Y eso era algo entre extasiante y estremecedor.


       5.- ¿En alguna ocasión has dejado un libro sin terminar?


       Muchas, muchísimas. He dejado libros sin terminar cuyo nombre ha sido ya olvidado en los pozos del silencio. Okaay, me pasé de dramática. Ahora siendo sincera me he dejado muchísimos libros sin terminar que he empezado a leer y he terminado abandonado por falta de interés. Soy muy inconstante tanto con lo que leo como con lo que escribo.

       6.- ¿Te gustaría escribir alguna novela?

       Sí, pero me cuesta. Ahora mismo, de hecho, estoy trabajando en una que me estoy forzando en terminar. Solo espero no dejarla a medias como muchos proyectos que tengo empezados...


       7.- ¿Alguna vez has soñado con algún personaje literario?


       Cuando era pre-adolescente y niña soñaba mucho con lo que leía. He estado millones de veces en Hogwarts, por ejemplo.


       8.- ¿Algún autor con el que establezcas una relación de amor/odio?


       Sí, tengo varios. Me pasa con Quevedo, que tiene una mentalidad tan misógina pero que aún así algunas veces escribe cosas tan bonitas. También con Wilde, que más de lo mismo. Si no fueran tan misóginos/gilipollas los amaría mucho. Aunque, bueno, supongo que eran otros tiempos.

       9.- ¿Me recomiendas que visite algún blog literario en especial?

       Pues no conozco muchos blogs literarios. Os recomiendo el de Aída, la chica que me ha nominado, y creo que ya. Seguro que hay más blogs maravillosos de gente que escriba genial pero ahora mismo no estoy siguiendo ninguno, así que...

       10.- Si fueras a una cena y pudieras elegir a 3 personas literarias que te acompañaran... ¿Cuáles elegirías?

       Independientemente de que estuvieran muertas, ¿vale? Cortázar, Emily Bönte y probablemente Rowling. ¿Qué queréis que os diga? No será la mejor autora del mundo, pero marcó mucho mi infancia.


       11.- Por último... ¿Podrías darme un consejo para mejorar mi blog?


       Yo creo que en general el blog lo tienes chachi, aunque sigue haciéndoseme un poco complicada la lectura con la plantilla. Pero eso es algo subjetivo, ya lo sabes.


      Ahora que las preguntas han terminado tengo que nominar a veinte personas. Como no conozco a veinte personas con blogs porque, como he dicho, no conozco a gente con blogs ahora mismo pues que se considere nominado cualquiera que lea este post. Aún así, reto a que reciban este premio a Alba, DanPer'Jaz, Cris, Marta, Aixel y Henry. Podéis contestar a las preguntas del reto en vuestro perfil de Facebook/Wattpad/Donde queráis.

¡Nos leemos!


Forget, forgot, forgotten


Este relato es una versión nueva de esta historia en la que traté de comprobar si se nota o no que verdaderamente he mejorado.


           Estabas ahí, mirándome con tus ojos grises. Estabas ahí, traspasándome y haciéndome sentir idiota. Y lo sabías; por supuesto que lo sabías. De hecho, creo que aquella era una de las cosas que más te gustaban. Te gustaba mirarme con el acero de tus ojos grises; de aquel iris que tantas veces me traspasaba. Qué me abandonó. Qué me dejó rota.

        —Cinco años —articulaste despacio, como si trataras de saborear tus palabras—, y sigues siendo la misma.

           Abrí la boca con la intención de responderte algo mordaz o hacerme ver ofendida, pero no salió ni una palabra de mis labios entreabiertos. Solo tomé aire en un suspiro lento y pesado. Estabas ahí, con tus ojos grises. Estabas ahí de nuevo contemplando mis pedazos. Y me dolía ¿Cómo no iba a dolerme? Tu acero, que me miraba y me recordaba todo lo que vivimos y hacía que me doliera. Cinco años seguían sin ser suficiente tiempo. Mi cuerpo ardía. Quería tocarte, sentir que estabas ahí. Qué no eras una ilusión; que no estaba demente observando aquellos ojos, aquel acero. Tocarte, necesitaba tocarte. Sólo un segundo. Rozarte, y ya. Recuperar la compostura y sentir que la situación no me superaba.

           Abrí la boca de nuevo, y no hablé. Tú en cambio sonreíste con sorna mientras tus manos se paseaban sobre el respaldo de la silla del comedor. Lentas, se movían lentas como una caricia. Y la idea de tocarte me dolía tanto que parecía una tortura. Saber que eras real, que aquel acero había regresado para reabrir una herida que en realidad nunca había empezado a sanar. Y me mirabas con tus ojos grises, con el acero, con la herida que siempre estuvo abierta. Abriste la boca de nuevo con aquella sonrisa impertinente que avivaba las llamas de un incendio que siempre estuvo ahí.

           —¿Recuerdas? Aquella noche cenamos comida encargada del chino de la plaza; tú tenías una tarjeta que cogiste de allí la semana pasada porque tenías la intención de invitar a cenar a tu hermana Tania para que te perdonara que te olvidaras de felicitarla por su cumpleaños —me susurraste lento, cerca de mi oído. Yo me mantuve estática, de nuevo con esas ganas de tocarte, de nuevo abrumada por las circunstancias y tú, de nuevo, sobreponiéndote a mí; a ese nosotros que tanto daño me hizo—. Llamamos y nos trajeron cerdo agridulce, arroz tres delicias y pollo con almendras. Justo aquella noche te quedaste a dormir a mi casa, vimos una película de miedo y te asustaste, y te abrazaste a mi cuerpo con fuerza y yo te mantuve cerca. Tu calor me consumía, todavía lo hace.

           A mí también me consumía. Tu aliento me sumergía en algún lugar emocional y estúpido en el que no tenía control sobre mis impulsos. Tocarte, necesitaba tocarte y hundirme en tus ojos grises; en aquel acero que me hacía tanto daño y que contradictoriamente necesitaba tanto. Quería tu calor. Qué me consumiera tu calor y me dejara hecha cenizas pero contenta.

           —Por favor —atiné a murmurar—, ya basta.

         Y tú me ignoraste con aquella pose segura que tan insegura me hacía sentir a mí. Me miraste triste; la tristeza en el acero, y algo más. Una tristeza que sin lugar a dudas poco tenía que hacer con la magnitud de la mía. ¿Alguien como tú podía estar más triste que yo? Tris, teza. Así era la cosa. Tristes los dos pero, como era costumbre, yo más triste. Porque independientemente de lo que ocurriera la herida siempre iba a ser yo, igual que la triste. Tris, teza. La tuya pesaba menos, dijeras lo que dijeras. ¿Cómo el acero iba a estar triste si nació para ser frío? Ojalá dejaras de mirarme, de traspasarme. Tris, teza. La tuya liviana, la mía no.

           Me ignoraste, como tratando de poner a prueba lo poco que dejaste de mí. De nuevo me miraste y me regalaste una pizca de inseguridad, de vacilación. Estabas triste, menos triste que yo, pero me ponías a prueba. Y continuaste hablando.

           —Aquella noche fue la que perdiste tu virginidad conmigo, ¿recuerdas? Aquel amanecer tuve el olor de tu pelo en mi almohada. —Hiciste una pausa, tus labios temblaban. Temblaba yo, también. —Recuerdo que estabas sonrojada y con vergüenza. Y me decías «Tu mirada me traspasa». ¿Ahora te pasa lo mismo?

           Perdí la fuerza que me hacía mantenerme derecha y caí de rodillas al suelo. Siempre fui una dramática; una estúpida emocional que no estaba preparada para afrontar aquel tipo de circunstancias. Estaba rabiosa, avergonzada y mi grado de estupidez se había doblado. Tú me mirabas como lo hacías siempre y yo te sentí dos octavos por encima de mí. Siempre estuviste sobre mí en cualquier sentido de la palabra y aquello me hacía sentir un tanto inútil y perdida.

         —Cinco años; han pasado cinco años —musité como una autómata en un tono carente de emoción—. Vete, por favor. No quiero saber nada de ti.

           Roto, parecías tan roto como yo. Quizá fui yo, con mis delirios incoherentes, pero te vi roto. Y quise llorar cuando te pusiste de rodillas a mi lado y tu mano acarició mi mejilla como si la estuviera atesorando. Me miraste con el acero consumido; menos frío, más líquido. Fundiste tu acero y creí verte adorarme como si fuera alguien mejor que tú, menos estúpida. Y te acercaste hasta que nuestros alientos se mezclaron hasta ser una única cosa. Y quise que me tocaras y olvidar. Solo fuego. Solo nuestro fuego.

       Qué arda, pensé, qué nos ahoguemos en las llamas. Nuestros cuerpos se reconocieron y el vestigio de lo que fuimos se convirtió en presente de indicativo con un beso. Nos besamos con fuerza y fuimos una única cosa. Tus labios, tan húmedos, tan suaves, me susurraron en el oído algo que, para mí, fue música «Te necesito». Y entonces te sumergiste en mí y todo, de algún modo, volvió a recobrar un sentido que en realidad nunca tuvo.





Porque no hay nada que supere a la fantasía

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Érase una vez...

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