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Las caras del espejo

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Creo que estoy dando mucho la chapa con el temita de la tolerancia, pero aún así me veo obligada a subir este vídeo en el que colaboré con dos amigas mías estudiantes de psicología.

Dicho vídeo forma parte de un trabajo que presentaron. En él salimos yo y una de las estudiantes (Yolanda) preguntando a la gente cómo ir al aeropuerto desde el centro de Valencia. Como podréis comprobar —si veis el vídeo— las personas son reacias hacia nosotras a la hora de contestarnos cuando no vamos vestidas dentro de los cánones establecidos previamente por las modas.

Ésta es la prueba misma del poder de las apariencias.





Fue una experiencia divertida y estimulante.

También me veo obligada a añadir dos reacciones que no se plasmaron en el vídeo dado el hecho de que no pudieron ser grabadas: una de un grupo de hombres que cuando nos vieron vestidas de góticas nos despelotaron con la mirada con la errónea idea de que por vestir así éramos algo cercano a prostitutas, y otra de un grupo del partido UPyC que estaba de campaña justo en nuestra zona de rodaje; les pedí un globo ilusionada y me lo dieron junto con caramelos sin ningún tipo de mohín o reticencia hacia mi ropa (iba vestida de gótica), no obstante, cuando apreciaron mi cambio de look (me tocaba vestirme de pija) me aconsejaron vestir así ya que me veían más agraciada.

También resalto el hecho de que cuando iba de gótica todos apreciaron que llevaba un globo en la mano (el que me entregó el UPyD) ya que resaltaba con la ropa, y cuando fui de pija nadie se fijó en ese detalle, puesto que además de que no resaltaba tanto con la ropa, los individuos no entraban a buscarle lo erróneo en mi vestuario como lo harían con el look gótico.

Fue divertido llamar la atención; en los ascensores del Corte Inglés una mujer me contempló horrorizada por mi vestuario, y yo, para impresionarla aún más le dije a una de mis amigas que tenía ganas de llegar a casa para arrancarle la ropa. Me haría gustado tener una cámara en la mano para fotografiar la cara de horror de esa mujer.

Es divertido jugar con la parte superficial de la sociedad.


TO-LE-RAN-CIA

Image and video hosting by TinyPic

Hoy, me han hecho probarme ropa para una boda. No me he sentido para nada cómoda con esos trajes porque... no sé, me da la sensación de que llevo puesto un disfraz.

Quizá os parezca absurdo pero me siento así.

Aquí tenéis dos fotos:


Mi madre me dijo que quiere que vista como los demás y que deje de llevar esa ropa negra horrenda.

¿Qué me pide que haga?, ¿qué deje de ser yo misma?

Odio esos trajes de flores a lo casa de la pradera que se llevan ahora, y también detesto muchísimo el hecho de tener que vestir conforme lo dicta una moda. Es más, estoy completamente segura de que si volviéramos atrás en el tiempo y vendieran esos vestidos de flores la gente no los compraría tachándolos de feos.

Según yo, las modas son la cosa más hipócrita que hay.

Mamá, hubo un tiempo en el que yo también quise encajar y ser como los demás, pero por mas que lo intentara y vistiera como tú me dijeras y me comportara según tus consejos, nunca lo conseguí. ¿Por qué? Porque no soy como ellos y sería una estupidez ponerme una máscara e interpretar un papel que no fuera el de mí misma.

Pero parece que tú eso no lo entiendes y le echas la culpa a la adolescencia que hay en mí diciendo que ésto es sólo una fase.

Mamá, desde los tres años, —cuando entré en el colegio—, he sido la rara; ¿eso también me lo he inventado? Nunca fui como los demás y nunca lo seré. Ya va siendo hora de que lo asumas, ¿no crees?

Dices que la ropa que llevo es como un disfraz que uso para ocultarme del mundo; ¿te divierte psicoanalizarme asumiendo que no es normal que a mí me guste lo que llevo puesto?

Simplemente llevo esa ropa porque es... genial. Creo que si te basaras en la tesis de "a gustos, colores" te podrías dar cuenta de ello.

Cuando me compro mis vestidos simplemente escojo los que me gustan y por ello me tachan de emo o de gótica aunque yo no sea nada de eso. Simplemente soy María, María Ahufinger. Nada más.


Me encanta ir vestida de gato, esposada a mis amigos por la calle o cualquier cosa parecida, porque es divertido.

No me importa que me miren mal o me tachen de rara; yo me río fingiendo que mis amigos son mis esclavos o mis mascotas, porque esa, es mi manera de bromear con ellos.

Y si no os gusta, cogéis un maldito diccionario y buscáis la palabra TO-LE-RAN-CIA y luego me contáis, ¿vale? Porque ya estoy hasta las narices de que la gente me critique sin siquiera conocerme.

Me tomo con humor el hecho de no formar parte de lo homogéneo de la sociedad, ya que eso es lo que me hace especial. Tiene más valor vivir la vida siendo uno mismo que ocultarse por temer no ser como una multitud.

Prefiero ser la oveja negra del rebaño, es más, el negro para mí es un color precioso. ¿Vosotros qué pensáis?

 
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