ewê

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Me mantengo pasivo a mi al rededor excluyendo a la realidad que me envuelve.

¿Por qué?

Lo desconozco. Aunque sospecho que quizá lo que me ocurre es que estoy cansado; que el peso del mundo ha creado una hernia enorme en mi espalda y la misma como consecuencia ya no puede cargar más con él.

Cada golpe recibido ha ido generando en mí un corte; un moretón; una llaga.

Que en mi piel queden tatuados cada uno de los estigmas de mis vivencias; cada llanto; cada sonrisa.

Que en mi piel se forje con hierro candente la historia de mi vida.

Que en mi piel quede impreso el porqué me estoy planteando decirle adiós al regalo de la existencia.

Para que luego, más tarde, Tú puedas contar mi historia.

Adiós

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Mi mirada se mantuvo fija en tus resplandecientes ojos, los cuales se encontraban húmedos, cargados de un sentimiento que era tan complejo de descifrar como puede resultarlo la ecuación del universo.

Lo único que pude sacar en claro de tu ser fue un breve destello de despedida, que yacía en el interior de tu pupila dilatada.

Quise abrir la boca, y rogarte e implorarte que no me dejaras, pero por alguna extraña razón el sofoco que nublaba mi visión me impedía actuar.

Mi corazón se estremeció por un amargo dolor que amenazaba con consumirme como lo haría una sobredosis de heroína con un adicto. Sólo deseé dejar de existir; desaparecer; abandonar el tren del mundo.

El agrio adiós había envuelto el ambiente en el que estábamos. Quería huir de allí; escapar a tu lado de la cárcel emocional en la que nos encontrábamos.

Pero, aquellos estigmas provocados por el pánico a la pérdida —a tu pérdida— no me concedieron el privilegio de poder luchar para impedir separarnos.

Te dejo.

Me mantuve callada, sin reaccionar.

Y entonces fue cuando nuestras miradas
no se volvieron a encontrar.


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¿Qué hacer cuando te das cuenta de que ni siquiera eres bueno en lo que te gusta?


~

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—¿Por qué estamos haciendo esta cola tan larga, papá? —le preguntó el Niño a su padre.

El hombre mantuvo su mirada entrelazada con la nada y no articuló palabra alguna.

—¿Papá? —le llamó el chiquillo.

Nuevamente, no hubo respuesta.

—¿Adónde nos lleva esta cola de gente? —volvió a interrogar el Niño, esta vez asustado por la pasividad de su interlocutor.

Silencio. Los ojos del chiquillo, se mantuvieron clavados en el cielo color celeste, tratando de encontrar aquel punto muerto que su progenitor aparentemente consideraba tan interesante.

Un vehículo de color negro impactó contra una furgoneta gris mate. No hubieron supervivientes.

El Niño se mantuvo callado durante unos escasos segundos, pensando.

—¿No era ese nuestro coche? —quiso saber él.

Un dolor agónico y punzante se formó en su pecho. Su corazón dejó de latir.

La cola de gente desapareció, dejando un sendero libre hacia una puerta con un aura brillante.

—¿Adónde vamos? —dijo ya, casi gritando.

La mirada del padre se centró por primera vez en el chaval.

—Hijo, tú ponte el cinturón y date prisa, que llegamos tarde para llevarte al fútbol.

_____________________

Mañana lo reviso que tengo sueño .__.

Gksdi

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Ahí lo tenía.

Sí; ahí estaba aquello que siempre anhelé.
Aquello que siempre quise.
Aquello que deseé con un ansia semejante a la de un sediento en un desierto
africano alejado de la mano de Dios.

Y entonces fue cuando lo eché a perder;
cuando no lo cogí y lo dejé pasar,
cuando me arrepentí por no sostenerlo entre mis desesperadas manos.

Y ahora...
Y ahora soy una mera pasajera de la vida. Pasé de protagonista a observador.















Quizá lo más triste de mi situación, es que, en estos momentos, para mí, carece de relevancia la totalidad de lo que siempre consideré importante .

.-.-.-.-.-.-.-.

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Había una vez una historia sin terminar.
Había una vez una historia sin realizar.
Había una vez una historia sin final.

Y los personajes de aquel relato vagaban etéreos
en aquellos folios vacíos.

No tenían nombre,
No tenían rostro.

Carecían de identidad.

Pero, aún así existían, porque,
con la fuerza de una vaga idea fueron creados.

No existen.
Están ahí.

Me gustaría pensar que terminarán de tomar forma algún día.














































"¿Has pensado alguna vez en escribir esa idea que se te pasa tanto por la cabeza...?"


@·#/~!*

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Ríos de sangre surgen reverentes
de tu inerte cadáver.
Noches interminables
velan un hecho amigo del olvido.
La calidez escarlata
que emanaba tu cuerpo
se torna compañera
del frío.

Yo sólo quise tener al menos
un amago tu despedida.

Tener al menos un amago
de tu sonrisa.

Tener al menos un amago
de tu final.

Torrentes de salada culpabilidad
son derramados agriamente
de mis ojos.

Mares de tristeza.
Océanos de agonía.

Yo sólo quise aspirar el perfume de
tu Boca,


pero ahora la menta de tu aliento
ha enmohecido putrefactamente.
...

—¡¡Nooo!! —grité—, ¿por qué lo hiciste? ¡¡Habérmelo contado!! ¡Los dos podríamos haber encontrado una solución que no fuera esta!

—D-De-Demaa..siado... t-tarde...



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Quisiera ser Luz.
Quisiera ser Tinieblas.
Quisiera ser Resplandor.
Quisiera ser Penumbra.


Q
U
I
E
R
O

S
E
R

V
I
D
A

Anhelo ser tu vida.

Tu todo.
Tu nada.

En ocasiones podemos expresar mucho,
con pocas palabras.


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Chris no sonrió; mantuvo su mirada fija en el suelo.

—¿Qué ocurre? —le pregunté.

—Sofi... —empezó él. Una lágrima voló desde la altura de sus ojos al suelo—. Tengo miedo.

Me acerqué a él y lo estreché con fuerzas entre mis brazos.

—¿Miedo? —le interrogué peinando sus hebras castaño claro con suavidad—. ¿Miedo de qué?

Chris cerró sus diminutos brazos en torno a mi cintura a la par que apoyaba su cabeza en mi pecho.

Le sentí inhalar profundamente mi aroma. La tensión de su cuerpo cesó, como si el olor procedente de mi piel le otorgara paz.

—Tengo miedo del olvido.

Aprecié cómo se humedecía mi camisa.

—No seas tonto —le consolé—, no tienes por qué temer por eso.

Chris se apretujó aún más fuertemente a mí.

—Pero Sofi —hipó—, tarde o temprano dejaré de formar parte de ti.

—Shhhh... —siseé—. No llores; te prometo que eso no va a ocurrir.

Las lágrimas de Chris continuaron impactando contra el terroso asfalto.

Suspiré, sin saber qué decir; sin tener la más remota idea de qué palabras lograrían detener su amargo llanto.

Cerré los ojos, y simplemente sentí su calidez, tratando de hacerla compañera de la mía. Con suavidad, empecé a tararear una canción de cuna que mi madre todas las noches me cantaba.

Con aire resignado, Chris me miró a los ojos, antes de pronunciar:

—Soy un recuerdo; represento a tu infancia, y, cuando finalmente te hagas adulta terminarás por convertirme en el compañero del olvido.


Lo que no te perdonaré nunca...

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—¿Qué quieres? —inquirió Patricia en tono duro.

Beatriz miró a su hija dolida.

—Desayuna algo, cariño; llevas unos meses en los que a penas te llevas bocado a la boca. Estás demasiado delgada.

Su hija arrugó sus labios perfectamente pintados con gloss rosado.

—¿Pretendes que me vuelva una gorda como tú? —la atacó con claro resentimiento—. Seguro que papá te dejó por eso; por lo vaca que estás.

Beatriz bajó su mirada, intimidada.

Ciertamente no sufría sobrepeso; únicamente había engordado dos o tres quilos como consecuencia del verano.

—No me gusta que me hables así, Patricia —hizo una pausa antes de cambiar de tema—. Y sabes perfectamente que papá no se separó de mí por eso; me dejó por estar embarazada de ti; él era joven y no quería responsabilidades.

Patricia ignoró aquel comentario.

—Lo que tú digas… —le contestó con desdén—. Ojalá pudiera largarme de aquí e irme a vivir con él. Odio esta casa.

Su madre se tragó todo el dolor que le producían aquellos reproches tratando de no mostrar algún signo de debilidad.

—Pues entonces vete a buscarle; seguro que te recibirá con los brazos abiertos —le contestó a Patricia con rencor—. Parece que te has olvidado de cuando te dijo cinco años atrás que no quería saber nada de ti.

Patricia enfureció.

—Eso fue por tu culpa; ¡seguro que le dijiste algo a papá para que se alejara! ¡¡Sólo quieres hacerme daño!!

Beatriz suspiró.

—Eso no es verdad. Eres mi hija, y te quiero.

Patricia clavó su mirada iracunda en los húmedos ojos de su madre.

—Mentirosa —pronunció aquella palabra con desgarradora amargura, tratando de achacar las culpas de su déficit de cariño paterno a alguien que sufría aún más que ella aquella forzosa situación.


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—Tú sólo olvídalo; haz como si nada hubiera ocurrido.

—¡¡No me puedes pedir eso!! Yo no quiero olvidar; tengo miedo a dejar de rememorar esos momentos que me hicieron tanto daño; aquellos instantes que me arrebataron la personalidad de antaño.

—¡¡Pero si lo olvidas no te dolerá!! ¿¡Es qué no lo entiendes!? Sería sublime no recordar aquel sufrimiento.

—No.

—Estás loco.

—Si mi memoria ignora todo el pesar, el miedo y la incertidumbre que experimenté ya no seré yo mismo, sino un espectro del que soy ahora. Mi alma está repleta de las marcas de una vida, de las llagas y las cicatrices de experiencias acaecidas en el transcurso de estos años, si yo las perdiera o las ignorara ya no sería yo mismo, puesto que esos estigmas me constituyen; forman parte de mí. Lo único que puedo hacer para impedir consumirme en la pena es luchar, y superar todos los baches que me hieran.

—No sabes lo que dices.

—Si olvido mi pasado terminaré desapareciendo como lo hace él.

Tártaro

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Sólo quiero que en mi mundo haya silencio.
Sólo anhelo que en mi mundo no exista el Fuego.
Sólo...

Le imploro al viento una respuesta
absuelta del malogro de la vida;
él no me la entrega
y yo permanezco sumida en la Oscuridad.

En ocasiones le grito a la Nada,
tratando de que ella me replique algún vocablo
acompañado por el vaivén de las hojas de un ciprés.

Cada sonido emitido por las gentes de mi mundo
lleva consigo un arañazo que desgarra
profundamente mi tierna carne.

Mi mundo es carbón,
terror y pecado.

Mi mundo es dolor.

Quisiera arrancarme los ojos para no poder verlo.
Quisiera poder cortarme los oídos para no escucharlo.

Pero no puedo,
porque estoy muerta.

Fragmento BL / Shonen-ai (yaoi) / Homoerótico

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Aviso: fragmento de un relato mío BL (Boys Love), o sea, amor entre hombres. Si no te gusta éste género no leas.

Cada anochecer, cuando los rayos lunares se colaban a través de mi ventana, yo me levantaba de la cama y acudía a la cocina a prepararme un vaso de leche caliente; era una costumbre que tenía desde pequeño, y me encontraba un tanto rehusado a cambiar.

Me gustaba sentarme como tantas noches en la silla de mimbre cara a la mesa y beberme a diminutos sorbos aquel cálido líquido recién sacado del microondas.

Absorto, cerré los ojos durante unos instantes extasiado al sentir cómo la bebida dejaba un eco caliente al deslizarse por mi garganta.

—No falla hermanito; siempre te encuentro aquí a la misma hora —me habló Kisuke, contemplándome con una expresión indescifrable desde el marco de la puerta.

Sin razón alguna me sentí avergonzado; bajé mi cabeza en dirección al vaso que sostenía entre mis manos.

—Lo sé —no añadí nada más.

Kisuke, mi hermano mayor, me sacaba seis años y yo no podía admirarle más. Durante mi niñez estuve muy unido a él; disputando por su atención y su toque.

Al transcurrir el tiempo sentí que mi relación con Kisuke había cambiado y no me veía capaz de mirarlo del mismo modo en que lo veía antes. Mis ojos se avergonzaban cada vez que se topaban con los suyos, me trababa y decía frases incoherentes cuando me hallaba en su cercanía, mi piel bullía en el roce con la suya y mi mirada anhelaba observar las zonas de su piel ocultas por la ropa.

Kisuke se sentó a mi lado y me contempló durante unos instantes de manera extraña.

—¿Cuántos años tienes, Yoru? —me preguntó aparentemente desconcertado.

—Quince —contesté sin entender la razón de su pregunta.

Kisuke inclinó a través de la mesa su rostro muy cerca del mío, tanto, que nuestras narices se rozaron. Tragué saliva nerviosamente.

Sus ojos negros como la profundidad de un pozo en el cual no se podía vislumbrar el fondo atraparon a los míos, de un azul claro aguamarina.

—Cada vez que te miro, siento que… —suspiró sonoramente. Apretó los dientes y torció el gesto, alejándose de mí—. No me hagas caso. Simplemente lo que me ocurre es que me desespero al verte tan enano, ¿es qué acaso no has crecido nada en todos estos años?

Molesto, fruncí el ceño.

—¡¡Claro que lo hice!! Lo que pasa es que tú también lo hiciste y como consecuencia no notaste el cambio —le contesté a la defensiva.

Kisuke se rió sonoramente, antes de despeinar mi revoltoso cabello castaño claro. Me mordí el labio, tratando de no sonreír en vano; siempre hubo algo contagioso en la risa de mi hermano.

Kisuke se levantó de donde estaba, cogió una manzana, la enjuagó en el agua del grifo, y acto después, le pegó un enérgico bocado.

Mi mirada se quedó durante unos instantes en una hilera de zumo que se fugó de su boca como consecuencia del mordisco. Quise lamerlo, y probar el dulzor de ambos majares.

Me sobresalté, cambiando bruscamente de dirección y tratando de controlar unas pulsaciones que habían incrementado notablemente. ¿Qué me pasaba?, ¿desde cuándo yo tenía esos pensamientos?, ¿acaso tenía algún problema grave? ¡¡Por el amor de Dios!! Era un hombre, y, lo más importante, ambos formábamos parte de la misma familia.

Con un profundo suspiro, cerré los ojos.

—Es tarde —me reprendió él—, deberías de ir a la cama.

En estos instantes se encontraba sentado en una silla de mimbre cercana a la mía, comiendo aquella jugosa pieza rojo sangre con un aire un tanto pensativo.

—Eso mismo podría decir yo de ti —le contesté simplemente, dándole el último trago a mi vaso de leche.

Kisuke frunció el ceño, antes de llevarse un nuevo bocado de la fruta a su boca. Mis pensamientos nuevamente fueron hacia una dirección errónea. Me incorporé, asustado de mí mismo.

Caminé hacia la salida de la cocina con pasos rápidos. Kisuke se levantó, siguiéndome de cerca. Una mano suya se apoyó sobre mi hombro, seguida de la otra. Repentinamente tironeó de mí, abrazándome por detrás; la calidez de su cuerpo envolvió a mi espalda.

—¿Qué te pasa, Kisuke? —le interrogué confundido, tratando de controlar el temblor de mi voz.

Una de sus manos se coló por debajo de mi camisa y fue subiendo hasta alcanzar mi pecho. Gemí.

Avergonzado, quise alejarme de él, pero no pude, pues sus férreos brazos me lo impidieron.

—¿Por qué eres tan suave, Yoru? —me susurró al oído. Sus manos recorrieron con lentitud mis costillas; de arriba abajo, incrementando la temperatura de cada retazo de mi epidermis que recorría—. Quisiera poder tocar toda tu piel.

_______________

Con esta historia —que por cierto no está terminada— saqué el lado pervertido que había en mí XDDD. Aún así la noto un poco sosa; como si le faltara algo... .___.

Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii *-*

Espero que os haya gustado, y sorry a aquellos que no tiene fetiche con el yaoi incesto XDDD.

Odi et amo

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Odi et amo.*

Quisiera poder conocer la razón
que explique que ambos sentimientos
vayan cogidos de la mano.

Quare id jaciam?*

Que alguien me explique por qué la indiferencia
hacia ti no me envuelve con su abrazo.
Deseso olvidarte,
pero no lo hago.

Cur?*
Cur?
Cur?


Ojalá no me llenara de ira ver como tus caricias se dirigen
hacia otra persona.

Ojalá no anhelara encontrarme a tu lado.

Ojalá pudiera ignorar el hecho de no ser tu amado.

Ut quid dereliquisti me?*

Yo sólo anhelé ser tu todo,
y tú,
me lo pagaste con nada.
_______________________________

Inspirado en Catulo, un poeta latino que tuvo bastante más talento que yo .__.

Bueno, aquí la traducción de las frases en latín (seeep, soy friki de esa lengua muerta; ¡qué le vamos a hacer! XDD)

-Odi et amo: te odio y te amo

-Quare id jaciam?: ¿Por qué lo hago?

-Cur?: ¿Por qué?

-Ut quid dereliquisti me?: ¿Por qué me has abandonado?


~*.*~

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Carla contempló los ojos azul cristalino del chico, tratando de averiguar por mediación de ellos si el interior de aquel ser no se encontraba vacío.

—Te amo —sonrió él de manera cálida—. Quédate conmigo.

Carla sacudió la cabeza, dándose cuenta de que el chico únicamente le decía lo que ella anhelaba escuchar, como si se tratara de un títere a merced de sus desesperados e inconscientes deseos. Los ojos de la joven se dirigieron hacia la cadena de oro que pendía de su garganta, en ella se encontraba un colgante con unas palabras inscritas: Carla & Daniel.

Frunció el ceño confundida, mas no recordaba tener aquello en su cuello, de hecho era la primera vez que veía dicha pieza.

—Es un recuerdo de lo mucho que nos queremos —le susurró de manera cariñosa Daniel al oído.

Carla apretó los dientes; estaba soñando, sí, seguramente se trataba de eso. Quizá si se pellizcaba con la suficiente fuerza lograba despertar. No lo hizo.

Sus labios se despegaron lentamente, mientras en su cabeza se conjuraban unas palabras que ella dudosamente iba a pronunciar:

—No existes.

Daniel observó conmocionado el inexpresivo gesto de Carla antes de que su rostro se oscureciera con un dolor que, a ojos de ella, tenía un trasfondo vacío.

—No existes —volvió a pronunciar la chica, esta vez con más convicción.

Daniel no hizo nada, su mirada se mantuvo fija en el collar que rebotaba en el pecho de Carla como consecuencia del movimiento respiratorio.

—No existes —aseveró, en esta ocasión su tono era seguro.

Furiosa al no ver ninguna reacción en Daniel, se arrancó el colgante con furia con la intención de replicar al chico la respuesta pasiva ante el ataque al que ella le sometía, pues una parte de Carla quería que Daniel tratara de persuadirla de que en realidad su compañía no era una fantasía.

Carla, debatiéndose entre la rabia y la resignación perdió de su agarre el colgante que se le escurrió entre sus dedos e impactó contra el suelo rompiéndose en diminutos pedazos.

Carla contempló los restos de aquello confundida, frunciendo el ceño.

Su visión se alzó nuevamente, atestiguando algo que aún la conmocionó más; Daniel era un muñeco de madera; un títere manejado por unos hilos casi invisibles semejantes a los utilizados en la caña de un pescador.

No era real...

Carla recogió una lágrima intrusa que se deslizaba descaradamente sobre su mejilla a la par que unos interrogantes de los que anteriormente no fue consciente cobraban forma en su cabeza: ¿Qué le ocurría?, ¿quién era Daniel?, ¿dónde estaba?

Durante unos instantes se asustó, pensando que tal vez ella también era un monigote al cual manipulaban, pero, segundos después apreció con una satisfacción casi enfermiza su capacidad de pensar, de razonar; su misma voluntad y libertad de actos.

En aquellos instantes ella era un pájaro encerrado en una jaula, bueno, un pájaro no, pues el ave era vagamente consciente de los barrotes, cosa contraria a Carla, que era plenamente conocedora de su limitación, de la privación de albedrío que estaba padeciendo.

—Quiero saliir... —dijo en voz baja.

Entonces fue cuando escuchó voces extrañas, y vio a un hombre vestido con una bata de hospital. Una reveladora imagen vino a su mente; ella ingiriendo un bote de somníferos.
_______________

Palabrita que mañana corregiré los fallos, que ahora es muy tarde; me piro a dormir *-*

La Mitad de un Nombre

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Cuando era pequeño escuché una historia antigua de la cual se han realizado muchas versiones, tantas, que resulta imposible determinar cuál de ellas es la más veraz.

Me dijeron que existía una teoría que determinaba que cada persona al nacer tenía un nombre asignado por las estrellas y que dicho nombre hasta él mismo lo desconocía. También me contaron que gracias a aquel nombre era posible determinar a la tan anhelada alma gemela, pues en el mundo sólo podían existir dos personas llamadas igual.

Aquellas personas que fueran nombradas de la misma manera serían complementarias y por lo tanto si se llegaran a conocer y coincidir en la misma zona del inmenso globo terráqueo en el que nos encontramos tendrían el regalo de experimentar el amor más puro y pleno jamás conocido.

Hace años yo quise saber cómo me llamaba para lograr identificar a mi otra mitad, así que acudí a las brujas; las únicas capaces de descifrar la identidad otorgada por los astros. La explicación de éste hecho es simple; una bruja no puede serlo a no ser que sea rebautizada con el nombre que le fue otorgado al nacer.

Cuando con impaciencia quise saber la manera en la que me llamaba vislumbre un atisbo de tristeza en el rostro de las bujas. «Tú no tienes nombre —me dijeron bajando la mirada—, naciste en un eclipse lunar y por lo tanto en el instante en el que te dieron a luz no había ningún punto luminoso irradiando en el cielo».

Mis ojos inmediatamente se inundaron de desesperadas lágrimas, pues yo era plenamente consciente de que la consecuencia de aquello era que mi destino era estar solo en el mundo, sin aquella persona capaz de darme dicha.

Llorando corrí a casa y me encerré en mi habitación despreciando a todo aquello que se encontrara fuera de donde estaba.

Tiempo después sin razón alguna decidí salir a ver nuevamente a las brujas y, camino hacia allí me encontré con una niña de mirada dulce, ella, al ver mi aire taciturno se acercó con curiosidad infantil hacia mí.

—Señor… ¿Se encuentra bien? —me preguntó contemplándome con preocupación.

—No —negué antes de pensar claramente mi respuesta—. Las bujas me dijeron que yo no tengo nombre y que, por ello no puedo encontrar a nadie que se llame como yo y sentirme completo.

La niña arrugó su diminuta frente antes de sonreír dejando entrever sus pequeños dientes.

—¡¡Eso es genial!! —gritó—. Si no tienes nombre significa que no tienes a nadie asignado para ti; podrás complementar a gente que haya perdido a su otra mitad pues al no llamarte de ninguna manera puedes adaptarte a cualquier persona. O mejor; ¡podrías hacer dichosa la existencia de otras personas como tú, que tampoco lo tengan!

Mi mirada se centró en ella con sorpresa.

Era cierto; en mi destino estaba escrito reparar el corazón de alguien como yo —sin identidad— o de alguna persona que había perdido su mitad.

_________________

EDITO: lo único mal escrito de aquí era la nota de autoor XDDDDDDDD. Diiooos... a veces me asombro de lo tonta que soy >.<

La historia moñas está bien escrita y no doy una en la nota de autor. Biieen... ¡¡Me merezco un pin!! *-*

~

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Mentiras.
Mentiras.
Mentiras.

De tu boca únicamente se evocan quimeras;
ilusiones fantásticas de un mundo ideal
que resultan encontrarse lejos de ser ciertas.

Espinas.
Espinas.
Espinas.

Aquellas que se hunden en mi piel,
como puñales;
como diminutas y afiladas dagas envenenadas
con la esperanza de una realidad ficticia.

Odio.
Odio.
Odio.

Y como consecuencia de lo que me inculcaste,
cambié;

y ya no volveré a ser la misma que era antes.

Kai&Claudia

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—Eres plenamente consciente de que no te voy a dejar salir de aquí, ¿verdad? Las ventanas están insonorizadas; eres mi prisionera.

Claudia se puso a llorar llena de rabia e impotencia; su llanto hizo eco en aquel zulo. Los ojos del asesino se centraron en ella con un ápice de tristeza que trataba vanamente de ocultar.

—Pooor... faa... Por favoorr... —logró balbucear ella inmersa entre lágrimas—. ¡Déjame salir! Te prometo que no abriré la boca; te juro porque me muera ahora mismo que nadie sabrá que tú matas por dinero.

El asesino se aproximó a ella; los ojos azul oscuro de él se clavaron en los grises de Claudia con furia y a la vez con otro sentimiento que ella era incapaz de descifrar.

—No —negó de manera tajante.

Claudia se convulsionó, furiosa. El asesino acercó su rostro al de la joven.

—Te amo —le susurró al oído con suavidad— y no sabes lo que lamento que te hayas visto implicada en esto; no tendríamos por que haber terminado así.

Claudia se mordió los labios indignada.

Inesperadamente, el asesino la besó de la manera exacta a la primera vez que ambos estuvieron juntos. Ahora no eran las mismas circunstancias; todo había cambiado lo suficiente como para que aquello no se sintiera del mismo modo que antes.

—¿Por qué, Claudia? —quiso saber él dolido—. ¿Por qué no me perdonas?, ¿por qué no tratas de comprender lo que soy? ¡Dame una oportunidad! Olvidemos lo ocurrido y actuemos como si no hubiera pasado nada.

Claudia bajó su mirada hacia sus manos esposadas.

—Kai —empezó ella utilizando el nombre falso que él le dio—. Has matado a un hombre delante mía, me tienes esposada en una habitación insonorizada y me has mentido acerca de quién eres —Claudia suspiró, aún en estado de shock—. Eres un asesino; mis ojos no te pueden mirar de otra manera.

—Antes también lo fui y me amaste.

—No —dijo ella—. Me mentiste, yo nunca vi tu verdadero yo hasta este momento y aunque sienta algo por ti soy incapaz de quitarme de la cabeza la idea de que ganes dinero segando vidas.

Kai, dolido, inspiró suavemente.

—Cierto —sonrió de manera amarga—, soy un asesino insensible y no me importa forzarte a que estés a mi lado; ahora mismo me da igual que me odies. Tengo más miedo al hecho de no estar a tu lado.

.

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Todos somos diferentes; tenemos algo que nos hace únicos e irremplazables; sólo hay un yo nuestro en éste mundo. Y ése hecho, la cuestión de que cada uno sea diferente es lo que nos asemeja, ya que todos compartimos esa cualidad.

De mayor quiero ser yo misma,
¿y vosotros?



Alois

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El cuerpo ensangrentado Alois se arrastraba lentamente sobre el frío bosque repleto de nieve, evidenciando con aquel avance su escasez de fuerzas; augurando su solitario final.

Nadie escuchó su llanto.
Nadie prestó atención a sus desgarradores sollozos absueltos de cariño.
Nadie se cuestionó si él, como persona, podía realmente llegar a valer la pena.

Aquel niño de trece años, cansado del peso de la vida que había tenido que cargar a tan corta edad cerró los ojos lentamente, apreciando cómo la sangre se escurría de su piel junto a la oportunidad de un nuevo amanecer.

Con un último esfuerzo se empujó hasta recostar su espalda contra la corteza rasposa de un árbol enfermo.

El cinematic record* empezó. La película de su vida transcurrió en unos breves cinco segundos; aquel resumen que marcaba cualquier hecho relevante en su corta existencia.

Alois sonrió amargamente; en el film sólo se podía apreciar su dolor, su odio, sus inseguridades, su desesperación y miedo, su soledad...

Yami*...

Y así, del mismo modo en el que se encontró su ser —en tinieblas— la noche se instauró en él.

La gelidez de la nieve se llevó lo cálido de aquel líquido escarlata que supuraba de su herida, y ya... no quedó nada; sólo la soledad que siempre estuvo presente en él.
_________________

*Cinematic Record: película que contiene los hechos fundamentales ocurridos en la vida de un ser que sólo se le es mostrado al morirse, gracias a ella, dicha persona puede ser juzgada en su otra vida.

*[N.T.]Yami: Oscuridad, tinieblas...

Bien, esta entrada está dedicada a mi personaje favorito de un anime Kuroshitsuji que bueno... tiene un final horrendo; por eso me he permitido hoy ser un poco friki XDD. A mucha gente le cae mal y les parece cruel, pero yo únicamente le veo como a un niño pequeño, solitario y asustado que no ha tenido la vida fácil y que nunca ha recibido alguna señal de cariño >.<

Bueno, os dejo que que me entretengo demasiado XDD.

El juego del 4

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1. Una vez nominad@ tienes que poner el link del blog que te ha nominado.

¡¡Graaaaaaaaaaaciias por nominarmee!! *-*

2. Nominar a cuatro personas:

-Mi Melli ^^
-Maaaaaaaaaaaaaaarta (:
-Cerremos los Ojos >.<
-Lucíaaa *-*

3. Hacer saber a esas personas que las has nominado.

Bueno... Si me acueerdooo >.<

4 Cosas que siempre llevo en el bolso:

-Esposas extralargas (por si las moscas XDD).
-Las llaves de casa (si no se me olvidan -.-)
-Monedero con el billete del metro; más de una vez me ha pillado el revisor sin él porque se me ha olvidado XDDDDD.
-Alguna gilipollez que no utilice que como siempre ocupa lugar .__.

4 Cosas favoritas de mi habitación:

-Mi póster de Elle comiendo un helado; me entra a la vez hambre y ganas de violarle *-*
-Póster de tela de Sebas-chan y Ciel; yaoi shota *0000* (lo tengo a los pies de la cama así cada vez que me levanto se me pervierte la mente >///<).
-Obviamente mi PC Víctor XDD.
-Las libretas que tengo guardadas con las historias antiguas que escribía >.<

4 Cosas que me gustan ahora mismo:

-Yaoi.
-Queso.
-Lacasitos *-*
-Dominar el mundo ò.Ó

4 Cosas que siempre he querido hacer:

-Publicar algo de mi autoría.
-Dominar el mundo Ò.Ó.
-Tener una fábrica de gominolas *-*
-Averiguar cuántos años tiene Ana Obregón >.<

4 Cosas que no sabías de mí:

-Se me va la pinza (con esto lo habréis comprobado XDD).
-Tengo muy buen carácter y a la vez muy poco tacto al decir las cosas.
-Soy Otaku.
-Me relaja escuchar openings de anime.

4 Canciones que no me puedo quitar de mi cabeza:

Kagayaku Sora no shijima ni wa – Kalafina
Maybe is Never too Late – Three Days Grace
Sweet Dreams – Marilyn Manson
Again – Yui


Porque no hay nada que supere a la fantasía

Porque no hay nada que supere a la fantasía

Érase una vez...

Érase una vez...

Eres el visitante número...