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Nuestros pies danzaban armoniosamente; deslizándose con elegante brío sobre el reluciente suelo de mármol. La melodía de aquel vals tejía un ambiente cálidamente prometedor.

Mi vestido azul medianoche era asombroso; cada vez que giraba parecía un mar iluminado por el brillo de la luna nocturna, las olas de aquel océano se hacían más notorias y juguetonas con el vaivén de mis caderas al compás de la música.

—Mi princesa —articuló él—, de cabellos de fuego y tez pálida.

—Mi príncipe —articulé yo—, de mirada gélida y ojos de plata.

La mano de él reposaba en la parte baja de mi espalda, presionando nuestros cuerpos de un modo indecorosamente excitante. Le sentía cerca; estaba ahí.

Sonreí, feliz, sintiéndome como la protagonista de La Cenicienta en el baile antes de que dieran las doce. Mi mirada, en aquel momento se centró automáticamente en el reloj del castillo; las diez y media.

—Princesa, es hora de despertarse —me susurró él al oído—; tienes que dejar atrás todos aquellos cuentos de hadas en los que sueñas cada noche.

—¿Por qué? —le digo yo, sorprendida por el sopor de mi voz.

—Porque nada de esto, es real. Abre los ojos.


Mi cuerpo yace tembloroso en un callejón, lleno de cortes y arañazos.
Mi hermoso vestido azul ha sido sustituído por una minifalda de cuero y un top rosa deshilachado.

—¡Puta! —me grita alguien a mis espaldas—. ¿A dónde coño te habías metido?



êwê

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Soy la Princesa de cabellos de fuego,
lucho contra dragones
y sueño con un pincel
que cambie lo que con mis ojos contemplo.

Yazco encerrada en una torre,
cautiva; sin salvación,
pues mi orgullo me impide llamar a un Príncipe
no necesito de su valor.

Soy la Princesa de mirada triste;
el Tiempo hizo mella en mí.
El grosor de estos barrotes me consume,
se apaga la llama de mi existir.

¿Y el Príncipe?
No le llamo.
¿Por qué?
No le necesito.

Soy la Princesa de candente alma,
yazco cautiva, sin esperanza.
Antes maté dragones y gané batallas,
y ahora se consume mi vida.

¿Por qué no le llamaste?
No le amo.
Pero ahora has muerto.
Poco importa.

Fui la Princesa de cabellos de fuego,
de mirada triste,
de candente alma.
No tuve Príncipe porque no le quise;

preferí morir sola a que viniera él y me liberara,
pues mi cuerpo perdería sus grilletes,
pero mis sentimientos
serían los esclavos de sus demandas.

Adiós

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Mi mirada se mantuvo fija en tus resplandecientes ojos, los cuales se encontraban húmedos, cargados de un sentimiento que era tan complejo de descifrar como puede resultarlo la ecuación del universo.

Lo único que pude sacar en claro de tu ser fue un breve destello de despedida, que yacía en el interior de tu pupila dilatada.

Quise abrir la boca, y rogarte e implorarte que no me dejaras, pero por alguna extraña razón el sofoco que nublaba mi visión me impedía actuar.

Mi corazón se estremeció por un amargo dolor que amenazaba con consumirme como lo haría una sobredosis de heroína con un adicto. Sólo deseé dejar de existir; desaparecer; abandonar el tren del mundo.

El agrio adiós había envuelto el ambiente en el que estábamos. Quería huir de allí; escapar a tu lado de la cárcel emocional en la que nos encontrábamos.

Pero, aquellos estigmas provocados por el pánico a la pérdida —a tu pérdida— no me concedieron el privilegio de poder luchar para impedir separarnos.

Te dejo.

Me mantuve callada, sin reaccionar.

Y entonces fue cuando nuestras miradas
no se volvieron a encontrar.


@·#/~!*

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Ríos de sangre surgen reverentes
de tu inerte cadáver.
Noches interminables
velan un hecho amigo del olvido.
La calidez escarlata
que emanaba tu cuerpo
se torna compañera
del frío.

Yo sólo quise tener al menos
un amago tu despedida.

Tener al menos un amago
de tu sonrisa.

Tener al menos un amago
de tu final.

Torrentes de salada culpabilidad
son derramados agriamente
de mis ojos.

Mares de tristeza.
Océanos de agonía.

Yo sólo quise aspirar el perfume de
tu Boca,


pero ahora la menta de tu aliento
ha enmohecido putrefactamente.
...

—¡¡Nooo!! —grité—, ¿por qué lo hiciste? ¡¡Habérmelo contado!! ¡Los dos podríamos haber encontrado una solución que no fuera esta!

—D-De-Demaa..siado... t-tarde...



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NOTA: Los exámenes raptaron mi inspiración por eso sólo subo fragmentos de mis relatos.

Por cierto, está escrito en primera persona y la protagonista (Luna) es una escritora novel a la cual en su relato sus personajes cobraron vida. Hará un año que concluí esta historia y ahora que la releo le encuentro fallos. Y eso me gusta, porque significa que he mejorado ^^.

Silenciosamente corrimos por los pasillos buscando la salida más cercana.

Algo gélido tocó mi hombro.

Chillé, como nunca antes lo había hecho.

Paula también empezó a gritar cuando su linterna enfocó a una silueta oscura. Tenía el cabello castaño brillante y los ojos negros, tan oscuros que se me hizo imposible precisar la separación del iris y la pupila.

Era Stefan, no me cabía la más mínima duda de ello.

— ¿Adónde vais tan rápido?— ronroneó.

Paula no habló, su mirada se encontraba clavada en el inhumanamente bello rostro de Stefan.

La mirada de Stefan se centró en mí.

—Luna, Lunita…— canturreó Stefan divertido ante mi silencio—. ¿Conoces tú acaso la historia de Endimión? Es una antigua leyenda griega— se dirigió hacia mí directo al grano, centrado en aquello que él consideraba de interés.

Quise rodar los ojos ante su comentario, Stefan era tal y como imaginé; le encantaba marear la perdiz demasiado.

No obstante… ¿Qué pretendía hacer con eso? ¿Entretenernos?

Tragué saliva con anticipación, intentando mantener el ritmo de mis pulsaciones constante.

El vampiro ignoró mi expresión, y empezó a narrar la historia:

—Endimión era un hermoso pastor que estaba enamorado de la Diosa Selene— soltó una risotada conspiradora.

Tragué, ¿Selene?

Algo aquí no pintaba bien, ¿qué idea rondaba por su cabeza?

Era humillante no saberlo, puesto que yo era la autora del relato y tendría que tener el privilegio de conocer lo que pensaba.

— ¿Y… quién era la Diosa Selene?— le pregunté casi sin querer, atragantándome con mis palabras.

Stefan me lanzó una mirada elocuente antes de hablar.

—La Diosa griega de la luna.

Estupefacta, le miré.

Resultaba imposible que conociera la verdad sobre su existencia, que supiera que era un personaje de mi relato; era una mera coincidencia, estaba completamente segura de ello, aunque resultaba extraño que los nombres de Luna —aunque sólo fuera como astro—, y Selene se encontraran entrelazados, era como una absurda ironía, ya que Selene, era la auténtica protagonista de "Encadenada a lo imposible".

Stefan siempre contaba alguna historia o leyenda antigua a la persona que iba a matar, solía decir que no le parecía justo que abandonáramos este mundo sin aprender algo nuevo, sobre todo si ese "algo" nos otorgaba una pizca de cultura, ya que, según el vampiro, eso era lo que más nos faltaba a las generaciones de hoy en día.

Stefan fue uno de los personajes más complicados de este relato, pues tuve que indagar bastante para buscar información sobre curiosidades y viejos relatos.

Stefan pasó una mano por su sedoso cabello.

—Endimión y Selene eran amantes— habló sacándome de mi abstracción—. Un mortal, y una inmortal; normalmente estas relaciones no terminan bien, más que nada porque uno termina muriendo— afirmó el vampiro en tono burlón.

Hice un esfuerzo para no bajar la guardia, ya que, a él le encantaba comportarse con naturalidad con sus presas, intentar eliminar la tensión del momento y que la persona cogiera confianza, así el humano en cuestión se dejaría llevar, pensando que no lo iba a eliminar y él se deleitaría de ello y de lo inocentes que somos los de nuestra especie.

Sin saber qué hacer opté por seguirle el juego, no tenía otra opción.

— ¿Y esta historia acaba bien?— le pregunté en tono especulativo.

Los oscuros ojos de Stefan me escasearon, buscando un algo que no supe identificar.

Me lanzó una sonrisa suficiente.

—Eso lo deberás de juzgar tú— afirmó. Hizo una pausa—. Selene sólo podía estar con Endimión obviamente por las noches, así que imploró a Zeus que hiciera al pastor inmortal, Zeus le cedió el privilegio, provocándole a Endimión un sueño perpetuo, en el que cada noche espera a que su Selene lo visite.

Le miré asombrada, la historia era verdaderamente bonita, y lo más asombroso era que no la conocía, así que por lo tanto mis personajes cada vez se están volviendo más independientes, pueden tomar sus decisiones, ya no son títeres a merced de mi mente; no supe si reírme o llorar.

Stefan había cobrado vida, en todos sus sentidos.



.

Un rayo luminoso de luz da vida, colándose a través de ningún sitio.
Sonrio, eufórica por el brillo que desprende su halo cálido y confortable.

Estoy viva...

Aquel calor, recorriendo mi piel; reconfortándome con dulzura...

Estoy viva...

Sonrío, dándome cuenta de que existe algo mejor después de la muerte; un cielo lleno de renovadora belleza, donde no hay dolor, donde no hay...

...Y enonces de doy cuenta de algo; donde haya placer, ponga yo el dolor.
Porque ambos, son las dos caras de la misma moneda.

Recuerdo a mi familia, a todos aquellos que me rodean, y siento su dolor, su incentidumbre, su desamparo.

—Te echo de menos— me susurra mi madre al viento, dejando una rosa fresca sobre el frío mármol de mi ataud.

Yo también

Quise decirle; pero no pude, porque estoy muerta.

Espero, que... algún día nos encontremos.
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Nota rápida; sin internet en casa ni locu, pido disculpas por tardar tanto en actualizar.
 
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