El asesino

Era una noche cerrada, el asesino ya hacía horas que perseguía a su presa con su lujoso mercedes negro.
En esta ocasión tenía que eliminar a la hija de un famoso capo de la mafia italiana, su nombre era Paola, hija del Capo y una de sus tantas amantes.
Ella tan sólo tenía 15 años, y había salido con sus amigos a la feria de la ciudad.
El asesino salió del coche, vestido todo de negro, con un arma en el bolsillo derecho de la chaqueta, y otra en el tobillo; viene bien venir siempre preparado.
La 99 milímetros de su bolsillo llevaba puesto un silenciador, ya que aunque fuera un arma de poco retroceso eso no quitaba que no creara un fuerte estruendo al ser usada.
El asesino era un hombre joven, de unos 22 años de edad, de cabello castaño oscuro, brillante en tono caoba, y ojos negros como el carbón.
En su conjunto tenía ese tipo de atractivo misterioso y letal que tanto atrae, como atemoriza a las mujeres.
Paola ya estaba cansada de dar tantas vueltas por la feria de su cuidad, ya se había subido a todas y cada una de las atracciones, incluyendo aquellas que le daban tanto miedo y en las que la mayoría de veces se solía echar atrás al llegar a la cola.
Sus amigos estaban comprándose algodón dulce, mientras ella descansaba sentada en un banco.
Una ráfaga de aire frío le provocó un ligero estremecimiento, unido a una sensación poco agradable de que algo no iba bien.
Algo frío y metálico se posó en su nuca…
¡Oh, dios mío, era el cañón de un arma!
Paola conocía demasiado bien ese tipo de pistolas, pues su padre le enseñó a usarlas cuando tan sólo tenía 10 años.
La chica tragó saliva, ya sabía que la buscaban, pero ella había sido tan imprudente como cualquier adolescente, puesto que su padre le había prohibido terminantemente salir de casa sin escolta, pero ella les dio esquinazo en cuanto tuvo ocasión.
¿Acaso era algo tan terrible que quisiera ser una adolescente normal, no buscada por los enemigos de su familia?
¿Era demasiado pedir vivir un día lejos de las amenazadas de muerte?
Ella sólo quería disfrutar, saliendo con los pocos amigos que había conseguido en todos aquellos años, ya que, aunque sólo quisieran estar con ella por su dinero por lo menos no estaba sola, ¿verdad?
—Levántate y no hagas ruido si no quieres que te vuele la tapa de los sesos aquí mismo— le susurró el asesino en un tono frío.
Paola lanzó una sonrisa irónica a la nada, siempre supo que iba a morir joven.
— ¿De verdad me vas a matar?— inquirió la chica sin emoción alguna en la voz—. ¿Acaso te piensas que no sabía que tenía los días contados?, ¿qué no estaba preparada para mi muerte? Te equivocas, y puesto que voy a fallecer pronto, no tengo ninguna objeción en hacerlo en público, así seguro que te echarán laureles en cuanto la policía te coja en tu “discreta” huída.
No escuchó nada como respuesta, simplemente apreció como el cañón del arma ya no presionaba de la misma manera amenazadora la nuca de la joven.
El asesino se sorprendió, por la amargura que abarcaba en las palabras de la chica; sabía que iba a morir de todos modos, pero por lo menos quería hacerlo con honor, no deseaba abandonar éste mundo sin luchar; debía de concederle que para ser una niñata de instituto era bastante valiente.
El asesino apartó en arma de la nuca de Paola, y se sentó con ella en el banco en el que se hallaba, queriendo observar de cerca su rostro, curioso de saber cual sería su reacción.
Se sorprendió al observarla, era tan… ¿Inocente?
Unos enormes y expresivos ojos verdes le miraban con seguridad y una pizca de pánico.
Su nariz era respingona, y sus labios carnosos, ligeramente rosados.
Sacudió su cabellera castaña en señal de duda.
—Tienes que morir, ¿lo sabías, verdad?— inquirió el asesino mirándola intensamente a los ojos, como si intentara leer lo que pensaba.
Paola se encogió de hombros.
—Tanto como tú, y como yo, somos unos meros peones al servicio de aquellas dos familias, mi muerte únicamente agravará más el odio, y se llevará más vidas de gente inocente. Tú simplemente eres un mercenario, un ladrón de almas, del cual se aprovecha la gente adinerada consiguiendo que realices el trabajo sucio— el profundo rencor que embargaba el tono de la joven hizo que algo, se removiera en el corazón del asesino.
—Puede que sea verdad— afirmó el asesino intentando ocultar su asombro por la madurez de las palabras de la joven—, ¿y qué pretendes hacer tú con ello?
Paola sonrió con amargura.
—Esa no es la pregunta correcta, la verdadera duda sería, ¿qué puedo hacer con ello? y la respuesta sería entonces; nada, no puedo hacer nada aparte de dejarme llevar por la corriente de mi destino, del cual cualquier persona menos yo desde que nací se hizo dueña, del cual ahora mismo tú eres el propietario. Hace años que me resigné a dejarme llevar por la marea de otras personas, a asumir lo que tenía que ocurrir, y ahora mismo, lo que va a suceder es mi muerte, pero te puedo asegurar que aunque sea una batalla perdida no pienso abandonar éste mundo sin luchar.
El asesino se sorprendió por la sinceridad amargura y fuerza de sus palabras.
Era valiente, muy valiente.
Él sabía mejor que nadie que cuando la gente es plenamente consciente de que va a morir, muestra su verdadero rostro, sus verdaderos temores, al fin y al cabo, seguramente él habrá conocido más profundamente a aquellos seres a los que les robó la vida que los mejores amigos de estos.
Algunos demostraron tener honor, otros la cobardía; resignación, terror, súplicas…
Pero esta cría, quizás sea la persona con más agallas a la que alguna vez se hubiera enfrentado.
El asesino reflexionó sus palabras, antes de afirmar:
—Tú no deberías morir.
Paola le lanzó una sonrisa amarga.
—Como si eso importara.
El asesino miró con piedad el diminuto cuerpo de Paola, era la primera vez que la compasión aparecía en él a la hora de eliminar a alguno de sus objetivos.
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Ésto es la introducción de una historia que estoy escribiendo porque me aburro y como no tengo nada que subir, pues la he puesto; razón por lo cual tiene un final abierto^^.

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