Te tiemblan las rodillas, mientras empiezas a plantearte el por qué de las razones de tu lucha;
la explicación que te impulsó a atacar.

Cobarde.

Esa palabra embota tu mente, cegándote por una visión borrosa; impregnada rabia, contaminada de ira.

Cobarde.

Y tú te dejas arrastrar por el miedo, por las inseguridades;
indeciso, a punto de realizar un acto del que no estás muy seguro.

Cobarde.

Como si fuera una burla, ese vocablo sigue danzando en tu mente, sabiendo que siempre que alguien lo pronuncie, el mismo te impulsará a realizar actos de los que poco después te arrepientas...

...y todo, por culpa de tu orgullo.

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