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         Soy un proyecto malogrado por los años. Soy aquella a la que prometieron el papel de princesa pero luego le cedieron el cartelón de bruja. Una bruja-sapo con lazos, pero sapo. Hay madrugadas en las que me cuesta dormir, porque todavía espero que venga alguien a romper el hechizo. Qué aparezca mi hada madrina para decirme «Esta vida en realidad no apesta tanto, princesa», y yo entonces creérmelo a pies juntillas.

         Quiero qué la quimera de un mundo feliz me devore: drogarme con ella hasta perder el sentido. Después, qué me lleven a un centro de desintoxicación de ilusiones rotas. Pasar el mono y encontrar un trabajo qué no me llene en una existencia que no me representa. Y volverme a intoxicar, porque esta vida es tan puta qué nada importa. Morir y resucitar todo el rato. Olvidar durante unas horas para luego redescubrirme como una desgraciada. Una bruja-sapo desgraciada con lazos. Una bruja-sapo que no alcanza a tener ni hada madrina ni zapatos de cristal.



 


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Porque no hay nada que supere a la fantasía

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Érase una vez...

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