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Bichos



                      No entiendo por qué me miran así. Sus ojos se clavan en mí como si fuera un bicho raro: como si no formáramos parte de la misma especie, como si yo no fuera humana. Es tan raro... Quiero decir, estamos todos creados de la misma forma: todos necesitamos aire para respirar y tenemos sangre en nuestras venas. Y aún así, siguen mirándome raro. Intento explicarles que somos iguales y nada. No me hacen caso: nunca me hacen caso. ¿Se piensan que mi opinión vale menos que la suya? ¡Qué todos necesitamos aire! ¡Qué todos necesitamos oxígeno, y tenemos sangre!

                     Pero nada. Siguen ignorándome y yo sigo sin entenderles. Es algo que nunca ha cabido en mi cabeza. Somos iguales y me miran como un bicho raro, como si yo fuera diferente. ¿Por qué? Somos iguales, ¿no? Ya sé que me repito mucho, pero es que es una idea que tengo grabada desde siempre. Y no puedo asimilar lo contrario. Vamos a ver: tenemos una vida, ideas e ilusiones. Soñamos. Sí, todos soñamos: papá me dice que esa es una de las cosas que más nos une. Si todos tenemos lo mismo....

                   A lo mejor... A veces pienso que la rara no soy yo y lo son ellos. No tienen que ser muy normales si rechazan a alguien que es igual que ellos. Quizá están podridos: tienen a algo dentro que los pudre. Y los corroe. Y los hace ser malos. Como en las películas esas en las que se meten alienígenas dentro y hacen que los humanos se ataquen entre ellos. Me resulta difícil pensar que alguien rechace a alguien porque sí. Así que es eso, alienígenas. Monstruos. Seres descompuestos. 

                   No son humanos; tienen bichos dentro. Bichos muy malos. Necesitamos a Simba con Timón y Pumba para que se los coman. Son la única esperanza para salvar a la humanidad.




She is



Estaba cansada de la misma maldita situación y, aún así, tampoco era que hiciera algo para evitarlo. Todas las mañanas acudía a clase cabizbaja y resignada; y me disponía a afrontar las diarias pullas del instituto. Mis compañeros me asqueaban, ignoraban o ambas cosas. Muchas veces me he planteado el porqué de ello, pero tras años de vana investigación, no encontré una explicación coherente que justificara su comportamiento conmigo.

Tal vez eran así porque soy diferente y, como a todo lo diferente, me tenían miedo, aunque... no entiendo muy bien por qué deberían de sentirse así conmigo. Soy una chica bajita, delgada y bastante poquita cosa; no era como si pudiera revelarme contra ellos y hacerles pagar su merecido. Y por otro lado, el hecho de que alguien sea diferente no creo que implique que automáticamente se convierta en un enemigo en potencia; quiero decir... Ser diferente únicamente vale para hacer las cosas más difíciles. ¡Vamos! Como si para mí fuera sencillo encontrar a alguien con mis gustos; ¡¡A todos los adolescentes les agradan cosas que soy incapaz de entender!! Como por ejemplo, las series esas que ven en las que lo único productivo que hacen los personajes masculinos es quitarse la camiseta y los femeninos enseñar escote.

Me gustaría tener a alguien con quien compartir mis aficiones e intereses, pero siempre que lo he intentado; siempre que he probado a abrirme a individuos con los que pensé que podría tener cosas en común, me he dado con un canto en los dientes. De normal, cuando les hablaba de mi afición por la cultura japonesa o por mi obsesión por la literatura me miraban raro; como si no fuera de este planeta. Así que terminé hartándome, y llegué a la conclusión de que era mejor estar sola que tragarme pasar el rato con personas con las que no tenía nada que compartir; que no me pudieran aportar nada nuevo que me interesara.

Y lo peor de aquello era que me hería. Al principio me creí capaz de sobrellevar no tener amigos pero, obviamente, me equivoqué. Con el paso de los días mi estado anímico fue deteriorándose más y más, hasta llegar a un extraño punto en el que cualquier tontería que me hicieran, por nimia que fuera, me afectara de una manera descomunal e inmensurable; había llegado a mi límite. 

A día de hoy acudo todos los días a clase como lo haría un espectro. No tengo ningún tipo de interés por nada ni tampoco existe en mí motivación alguna. La soledad me consume por dentro y en mi cabeza no habita otra cosa que no sea la princesa. Sí, la princesa. La hermosa dama de cabello de fuego que lidió con sus dragones y sus batallas. Creo que, si no me falla la memoria, su nombre era Soledad.





 
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