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El fin de los días ha llegado;
las campanas suenan, la gente grita histérica, escondiéndose debajo de sus mesas y sillas;

Como si eso les protegiera del inminente final.


El mundo tal y como lo conocíamos se empieza a desvanecer;
como un lienzo de óleos húmedo, desdibujado por la caída del agua.

Y nosotros, pobres mortales no podemos hacer nada para remediarlo, mas, fue nuestro egoísmo el que provocó la erupción de los volcanes, y fue nuestra ansia de poder la que dividió los océanos y mares.

La polución mató a los árboles, y tejió en el universo contaminación e inmundicia.

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Porque no hay nada que supere a la fantasía

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Érase una vez...

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Eres el visitante número...