El príncipe del dibujo


          
         Le estaban persiguiendo. Su ágil cuerpo principesco se deslizó por el bosque atolondradamente. No sabía dónde estaba, de dónde venía o dónde tenía que ir. Se sentía como un satélite; como una luna girando sin su planeta tierra.

     Oh, Dios mío... La noche. Era de noche y las tinieblas amenazaban con consumirlo; con absorberlo como si de un agujero negro se tratara. ¿Dónde?, ¿hacía dónde se dirigía? Las ramas de los árboles le arañaron la piel conforme más fue adentrándose en aquel terreno inhóspito y su aliento fue volviéndose más frenético conforme su desorientación se fue volviendo más fiera. Escuchó pasos; alguien iba tras él. Pudo saberlo por el sonido cortante de las hojas secas que se convirtió en un Réquiem a su espalda.

         Repentinamente, silencio. Los pasos que iban tras él desaparecieron. Y sintió aquella sensación amarga de incertidumbre; de no saber lo que iba a ocurrir. La ausencia de sonido sólo fue rota por su respiración frenética; por sus ganas de encontrar ese oxígeno que parecía escapar de sus pulmones.

        Y cayó. Y el viento acarició su pelo, desparramándoselo por el rostro. Iba a hundirse en el vacío; en una nada repleta de humedad y sal. Fue entonces cuando, perdido y desorientado por la caída, parpadeó. Y se encontró con que las tinieblas se habían teñido de color pastel y con que los espesos árboles del bosque se convirtieron en elementos decorativos de trazos simples y metódicos. La humedad que tanto lo aterraba estaba ocasionada por el mar que besaba un precipicio, al cual estaba destinado a caer. No obstante, en escena apareció la mano salvadora de una princesa de cabello rojizo, que lo miraba con la promesa de que su vida no iba a terminar en aquella escena.

Dibujo realizado por David Ahufinger
          Fue entonces cuando sacudió su cabeza y se topó con un dibujo que él mismo había retratado. En él la amada salvaba al amado de caer a un abismo rocoso repleto de agua y sal. Y en aquel instante se dio cuenta de que aunque nada hubiera sido real su corazón latía como si aquella escena fuera auténtica y de que aquel dibujo contaba una historia que iba más allá que unos simples trazos en el Sai.



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