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NOTA: Los exámenes raptaron mi inspiración por eso sólo subo fragmentos de mis relatos.

Por cierto, está escrito en primera persona y la protagonista (Luna) es una escritora novel a la cual en su relato sus personajes cobraron vida. Hará un año que concluí esta historia y ahora que la releo le encuentro fallos. Y eso me gusta, porque significa que he mejorado ^^.

Silenciosamente corrimos por los pasillos buscando la salida más cercana.

Algo gélido tocó mi hombro.

Chillé, como nunca antes lo había hecho.

Paula también empezó a gritar cuando su linterna enfocó a una silueta oscura. Tenía el cabello castaño brillante y los ojos negros, tan oscuros que se me hizo imposible precisar la separación del iris y la pupila.

Era Stefan, no me cabía la más mínima duda de ello.

— ¿Adónde vais tan rápido?— ronroneó.

Paula no habló, su mirada se encontraba clavada en el inhumanamente bello rostro de Stefan.

La mirada de Stefan se centró en mí.

—Luna, Lunita…— canturreó Stefan divertido ante mi silencio—. ¿Conoces tú acaso la historia de Endimión? Es una antigua leyenda griega— se dirigió hacia mí directo al grano, centrado en aquello que él consideraba de interés.

Quise rodar los ojos ante su comentario, Stefan era tal y como imaginé; le encantaba marear la perdiz demasiado.

No obstante… ¿Qué pretendía hacer con eso? ¿Entretenernos?

Tragué saliva con anticipación, intentando mantener el ritmo de mis pulsaciones constante.

El vampiro ignoró mi expresión, y empezó a narrar la historia:

—Endimión era un hermoso pastor que estaba enamorado de la Diosa Selene— soltó una risotada conspiradora.

Tragué, ¿Selene?

Algo aquí no pintaba bien, ¿qué idea rondaba por su cabeza?

Era humillante no saberlo, puesto que yo era la autora del relato y tendría que tener el privilegio de conocer lo que pensaba.

— ¿Y… quién era la Diosa Selene?— le pregunté casi sin querer, atragantándome con mis palabras.

Stefan me lanzó una mirada elocuente antes de hablar.

—La Diosa griega de la luna.

Estupefacta, le miré.

Resultaba imposible que conociera la verdad sobre su existencia, que supiera que era un personaje de mi relato; era una mera coincidencia, estaba completamente segura de ello, aunque resultaba extraño que los nombres de Luna —aunque sólo fuera como astro—, y Selene se encontraran entrelazados, era como una absurda ironía, ya que Selene, era la auténtica protagonista de "Encadenada a lo imposible".

Stefan siempre contaba alguna historia o leyenda antigua a la persona que iba a matar, solía decir que no le parecía justo que abandonáramos este mundo sin aprender algo nuevo, sobre todo si ese "algo" nos otorgaba una pizca de cultura, ya que, según el vampiro, eso era lo que más nos faltaba a las generaciones de hoy en día.

Stefan fue uno de los personajes más complicados de este relato, pues tuve que indagar bastante para buscar información sobre curiosidades y viejos relatos.

Stefan pasó una mano por su sedoso cabello.

—Endimión y Selene eran amantes— habló sacándome de mi abstracción—. Un mortal, y una inmortal; normalmente estas relaciones no terminan bien, más que nada porque uno termina muriendo— afirmó el vampiro en tono burlón.

Hice un esfuerzo para no bajar la guardia, ya que, a él le encantaba comportarse con naturalidad con sus presas, intentar eliminar la tensión del momento y que la persona cogiera confianza, así el humano en cuestión se dejaría llevar, pensando que no lo iba a eliminar y él se deleitaría de ello y de lo inocentes que somos los de nuestra especie.

Sin saber qué hacer opté por seguirle el juego, no tenía otra opción.

— ¿Y esta historia acaba bien?— le pregunté en tono especulativo.

Los oscuros ojos de Stefan me escasearon, buscando un algo que no supe identificar.

Me lanzó una sonrisa suficiente.

—Eso lo deberás de juzgar tú— afirmó. Hizo una pausa—. Selene sólo podía estar con Endimión obviamente por las noches, así que imploró a Zeus que hiciera al pastor inmortal, Zeus le cedió el privilegio, provocándole a Endimión un sueño perpetuo, en el que cada noche espera a que su Selene lo visite.

Le miré asombrada, la historia era verdaderamente bonita, y lo más asombroso era que no la conocía, así que por lo tanto mis personajes cada vez se están volviendo más independientes, pueden tomar sus decisiones, ya no son títeres a merced de mi mente; no supe si reírme o llorar.

Stefan había cobrado vida, en todos sus sentidos.



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Porque no hay nada que supere a la fantasía

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