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Vs

 

Los contrincantes se miraron desafiantes a los ojos, como si de este modo se asegurara su victoria. Alma sacó el arma de sus tobillos, pues estaba oculta en su holgado pantalón vaquero. Marco, por otro lado, jugó con su maza divertido; él tuvo a la vista en todo momento su artilugio de ataque.

Indecisa, Alma se acercó hacia Marco con sus dagas en posición defensiva; anhelando poder clavarlas en el pecho del joven. Marco sonrió con vehemencia e impulsó su mazo repleto de pinchos hacia ella; la chica retrocedió asustada al ver cómo el arma de su enemigo se hundía en el terroso asfalto y lo hacía añicos. Las cadenas de la maza, en aquel ambiente tenso, crepitaban estridentemente.

Alma reculó, impotente, no podría atacarle de frente; estaba claro que el artilugio de Marco, aunque fuera lento, actuaba de manera letal. Al menos, Alma contaba con la ventaja de su agilidad y velocidad.

Marco se mantuvo en guardia, lanzando la maza contra su contrincante y recogiéndola tan rápido como podía. La chica sacudió su cabello castaño, alejándolo de su rostro, a la par que dio un salto hacia la izquiera. Echó a correr aprovechando una distracción de su enemigo que le supuso a éste una desventajosa pérdida: Alma se colocó a la espalda de Marco y posicionó el filo de su daga sobre la garganta de éste; el frío y gélido metal del arma hizo que el corazón de Marco diera un brinco.

—¿Cuáles son tus últimas palabras? —inquirió altivamente la contrincante.

Marco dejó caer las cadenas de su mazo y desenfundó una navaja, oculta en su pecho, tan rápidaente que Alma no tuvo tiempo de reaccionar; la hoja se hundió entre el hueco de las costillas superiores de la joven. Alma gritó, sorprendida por aquel ataque que le mordía la piel y le desgarraba las entrañas.

La sangre abandonó lentamente el cuerpo de la chica, la cual cayó al suelo agotada; abrumada por aquella certera puñalada, que probablemente le arrebataría la vida. Marco sonrió y se colocó de rodillas frente al cuerpo desmadejado y sanguinolento de Alma.

—¿Cuáles son tus últimas palabras? —dijo él, repitiendo burlescamente la misma pregunta que su enemiga le formuló.

Alma, furiosa, recogió toda la saliva que pudo con la intención de escupirle en la cara.


 

Nunca había escrito una escena de lucha; creo que se nota por lo forzada que me ha quedado =w='' 
 

Sólo Marrones



—Adoro tus ojos marrones —dijo Marcos a su amigo Víctor en tono solemne.

Por su parte, Víctor, extrañado encaró una ceja. ¿Cómo era posible que Marcos hubiera dicho aquellas palabras? ¡¡Si él tenía los ojos azules!! De un precioso y envidiable tono aguamarina. A Víctor le enfadaba pensar que una persona con aquel iris tan inusual se quejara de éste. Con lo hipnotizantes que son los ojos claros...

—¿Por qué te gustan mis ojos? Si sólo son marrones —Víctor no atinó a decir nada más, pues para él lo único relevante era la peculiaridad cromática de la mirada. No había nada más.

—Porque cuando me miras tengo la sensación de que tu pupila reluce sólo para mí. Es... como si, en tu mundo, yo fuera el único relevante —afirmó Marcos de manera franca—. Tu mirada es poderosa. Pienso que las personas con ese tipo de ojos son las únicas en el mundo capaces de mostrarse tal y como son, sin tapujos.

Víctor, sorprendido, se sintió incómodo entre tanta alabanza; no estaba acostumbrado a que le piropearan. Marcos se acercó a él y hundió sus dos ventanas azules en las marrones de su amigo. Exteriormente a cualquiera le habría podido parecer que aquel cruce de miradas era una batalla de poder entre tierra y mar. Una guerra que ambos no deseaban que terminara nunca.











 
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