Sólo Marrones



—Adoro tus ojos marrones —dijo Marcos a su amigo Víctor en tono solemne.

Por su parte, Víctor, extrañado encaró una ceja. ¿Cómo era posible que Marcos hubiera dicho aquellas palabras? ¡¡Si él tenía los ojos azules!! De un precioso y envidiable tono aguamarina. A Víctor le enfadaba pensar que una persona con aquel iris tan inusual se quejara de éste. Con lo hipnotizantes que son los ojos claros...

—¿Por qué te gustan mis ojos? Si sólo son marrones —Víctor no atinó a decir nada más, pues para él lo único relevante era la peculiaridad cromática de la mirada. No había nada más.

—Porque cuando me miras tengo la sensación de que tu pupila reluce sólo para mí. Es... como si, en tu mundo, yo fuera el único relevante —afirmó Marcos de manera franca—. Tu mirada es poderosa. Pienso que las personas con ese tipo de ojos son las únicas en el mundo capaces de mostrarse tal y como son, sin tapujos.

Víctor, sorprendido, se sintió incómodo entre tanta alabanza; no estaba acostumbrado a que le piropearan. Marcos se acercó a él y hundió sus dos ventanas azules en las marrones de su amigo. Exteriormente a cualquiera le habría podido parecer que aquel cruce de miradas era una batalla de poder entre tierra y mar. Una guerra que ambos no deseaban que terminara nunca.











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