La Mitad de un Nombre

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Cuando era pequeño escuché una historia antigua de la cual se han realizado muchas versiones, tantas, que resulta imposible determinar cuál de ellas es la más veraz.

Me dijeron que existía una teoría que determinaba que cada persona al nacer tenía un nombre asignado por las estrellas y que dicho nombre hasta él mismo lo desconocía. También me contaron que gracias a aquel nombre era posible determinar a la tan anhelada alma gemela, pues en el mundo sólo podían existir dos personas llamadas igual.

Aquellas personas que fueran nombradas de la misma manera serían complementarias y por lo tanto si se llegaran a conocer y coincidir en la misma zona del inmenso globo terráqueo en el que nos encontramos tendrían el regalo de experimentar el amor más puro y pleno jamás conocido.

Hace años yo quise saber cómo me llamaba para lograr identificar a mi otra mitad, así que acudí a las brujas; las únicas capaces de descifrar la identidad otorgada por los astros. La explicación de éste hecho es simple; una bruja no puede serlo a no ser que sea rebautizada con el nombre que le fue otorgado al nacer.

Cuando con impaciencia quise saber la manera en la que me llamaba vislumbre un atisbo de tristeza en el rostro de las bujas. «Tú no tienes nombre —me dijeron bajando la mirada—, naciste en un eclipse lunar y por lo tanto en el instante en el que te dieron a luz no había ningún punto luminoso irradiando en el cielo».

Mis ojos inmediatamente se inundaron de desesperadas lágrimas, pues yo era plenamente consciente de que la consecuencia de aquello era que mi destino era estar solo en el mundo, sin aquella persona capaz de darme dicha.

Llorando corrí a casa y me encerré en mi habitación despreciando a todo aquello que se encontrara fuera de donde estaba.

Tiempo después sin razón alguna decidí salir a ver nuevamente a las brujas y, camino hacia allí me encontré con una niña de mirada dulce, ella, al ver mi aire taciturno se acercó con curiosidad infantil hacia mí.

—Señor… ¿Se encuentra bien? —me preguntó contemplándome con preocupación.

—No —negué antes de pensar claramente mi respuesta—. Las bujas me dijeron que yo no tengo nombre y que, por ello no puedo encontrar a nadie que se llame como yo y sentirme completo.

La niña arrugó su diminuta frente antes de sonreír dejando entrever sus pequeños dientes.

—¡¡Eso es genial!! —gritó—. Si no tienes nombre significa que no tienes a nadie asignado para ti; podrás complementar a gente que haya perdido a su otra mitad pues al no llamarte de ninguna manera puedes adaptarte a cualquier persona. O mejor; ¡podrías hacer dichosa la existencia de otras personas como tú, que tampoco lo tengan!

Mi mirada se centró en ella con sorpresa.

Era cierto; en mi destino estaba escrito reparar el corazón de alguien como yo —sin identidad— o de alguna persona que había perdido su mitad.

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EDITO: lo único mal escrito de aquí era la nota de autoor XDDDDDDDD. Diiooos... a veces me asombro de lo tonta que soy >.<

La historia moñas está bien escrita y no doy una en la nota de autor. Biieen... ¡¡Me merezco un pin!! *-*

2 Response to "La Mitad de un Nombre"

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