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—Tú sólo olvídalo; haz como si nada hubiera ocurrido.

—¡¡No me puedes pedir eso!! Yo no quiero olvidar; tengo miedo a dejar de rememorar esos momentos que me hicieron tanto daño; aquellos instantes que me arrebataron la personalidad de antaño.

—¡¡Pero si lo olvidas no te dolerá!! ¿¡Es qué no lo entiendes!? Sería sublime no recordar aquel sufrimiento.

—No.

—Estás loco.

—Si mi memoria ignora todo el pesar, el miedo y la incertidumbre que experimenté ya no seré yo mismo, sino un espectro del que soy ahora. Mi alma está repleta de las marcas de una vida, de las llagas y las cicatrices de experiencias acaecidas en el transcurso de estos años, si yo las perdiera o las ignorara ya no sería yo mismo, puesto que esos estigmas me constituyen; forman parte de mí. Lo único que puedo hacer para impedir consumirme en la pena es luchar, y superar todos los baches que me hieran.

—No sabes lo que dices.

—Si olvido mi pasado terminaré desapareciendo como lo hace él.

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