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—¿Por qué estamos haciendo esta cola tan larga, papá? —le preguntó el Niño a su padre.

El hombre mantuvo su mirada entrelazada con la nada y no articuló palabra alguna.

—¿Papá? —le llamó el chiquillo.

Nuevamente, no hubo respuesta.

—¿Adónde nos lleva esta cola de gente? —volvió a interrogar el Niño, esta vez asustado por la pasividad de su interlocutor.

Silencio. Los ojos del chiquillo, se mantuvieron clavados en el cielo color celeste, tratando de encontrar aquel punto muerto que su progenitor aparentemente consideraba tan interesante.

Un vehículo de color negro impactó contra una furgoneta gris mate. No hubieron supervivientes.

El Niño se mantuvo callado durante unos escasos segundos, pensando.

—¿No era ese nuestro coche? —quiso saber él.

Un dolor agónico y punzante se formó en su pecho. Su corazón dejó de latir.

La cola de gente desapareció, dejando un sendero libre hacia una puerta con un aura brillante.

—¿Adónde vamos? —dijo ya, casi gritando.

La mirada del padre se centró por primera vez en el chaval.

—Hijo, tú ponte el cinturón y date prisa, que llegamos tarde para llevarte al fútbol.

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Mañana lo reviso que tengo sueño .__.

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Porque no hay nada que supere a la fantasía

Porque no hay nada que supere a la fantasía

Érase una vez...

Érase una vez...

Eres el visitante número...