Dispara

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Y simplemente clavé con ahínco mi mirada en la suya, tratando de fundirle con mi rabia, ira e impotencia. Él sólo se rió de mí de manera grotesca, disfrutando con un gozo casi enfermizo de mi situación.

—Dispara —articulé con suavidad contenida—, ¿a qué estás esperando?

Él no me contestó, sólo me contempló con interés. Su arma se encontraba cautiva entre sus dedos, con el cañón apuntando al arenoso suelo.

—¿Tienes miedo? —me preguntó con sorna contemplando mi tembloroso y mortal cuerpo.

Me mordí la lengua; no pensaba contestar algo que delatara mi terror y le otorgara más placer siniestro. Mantuve mi mirada gacha.

—Dispara. He perdido —insistí con suavidad.

Él vaciló durante unos escasos instantes; parecía entre divertido y asombrado.

—¿Tienes miedo? —me volvió a interrogar.

Suspiré con suavidad; me costaba respirar, poco importaba lo que me esforzara por ocultarlo.

—Tengo frío —dije simplemente—. Dispara, ¿o es que... no quieres cobrar tu deuda?

Él no habló.
Cerré los ojos a la espera de la oscuridad.

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