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Verde


        Los edificios derruidos, las aceras hechas trizas. Grietas. Brechas. Respira lento; coge aire y solo olvida. Qué muera el hambre, el frío y el miedo. En cada amasijo de hierros y cemento emergen ramificaciones verdes y llenas de hojas. Verde que te quiero verde, piensas, y sientes aquello como un augurio. La naturaleza que desgarra y deconstruye.

        Abandonado estás tú, náufrago en tierra. Un aullido, y te ves muerto. Ojos verdes, afilados colmillos. A cuatro patas se acerca el lobo. Sus ojos que miran, sus colmillos que muerden. Un grito. Coge aire y solo olvida.






El eclipse



        Ellos son débiles, y lo saben. Por eso huyen de nosotros con los ojos entreabiertos y con una mueca de pánico en sus rasgos. La boca crispada en forma de O, las mejillas pálidas y la frente arrugada. Ellos solo huyen mientras los hacemos pedazos, y nos divierte. Nos gusta ejercer la fuerza y el control sobre su estirpe. Porque son solo humanos. Inútiles humanos.

        Tomamos lo que queremos, aullamos como los animales que somos y nos regocijamos al romperlos. Solo humanos, repito en un gruñido de fiera. Y entonces la veo. Solo una humana de cabello canela y rostro alargado. Su boca crispada en forma de O, sus mejillas pálidas y su frente arrugada. Una de tantas, y no. Mi corazón se encoge, mi sangre hierve y siento que el que acaba roto he sido yo. Ella solo me mira con el alma hecha trizas, con el terror espeso de quien ruega piedad. Tengo ganas de decirle que conmigo será distinto, que nunca le haría daño, pero las palabras mueren en mis labios.

        La luna, ella es la luna. Nuestro destino es estar juntos y, en cambio, me mira como si fuera el ser más desagradable del mundo. La tierra enlazó nuestras almas al nacer y estaremos incompletos si nos alejamos. Ella llora, me teme, y tengo la incertidumbre de si alguna vez me podrá perdonar. Contemplo el reguero de cadáveres expuestos y me doy cuenta de que estoy en un punto de no retorno. Soy una bestia y estoy seguro de que jamás podrá aceptar esta parte de mi naturaleza. No después de lo que ha presenciado. La he hecho añicos; no hay vuelta atrás.




._.

 

—No dejes que el dolor me destruya. No permitas que me hunda en el océano oscuro del miedo, de la impotencia, de la incertidumbre. No me dejes, por favor... 

La chica contempló los ojos de su enemigo; eran fríos, distantes. Como si le importara bien poco lo que le ocurriera.

—Sálvame, te lo suplico.

Y entonces fue cuando entre la penumbra salió corriendo un lobo. Aquel agresivo animal, se lanzó violentamente sobre ella y empezó a desgarrarle la carne con fiereza. La chica gritó, impotente; dándose cuenta de que no podía hacer nada contra aquella bestia. Su mirada se clavó en la de su enemigo y se cuestionó por qué le había pedido ayuda.

¿En qué momento había ocurrido todo aquello?

Su enemigo seguía con los mismos fríos ojos con los que la había contemplado, cuando ella le imploró ayuda; con los mismos fríos ojos, indiferentes, a los que les daba igual lo que a aquella joven le ocurriera.

—El calor desaparece de mi cuerpo —musitó la chica, moribunda; tirada sobre la gélida estepa en la que yacería hasta el final de sus días. El lobo se alimentaba de la sangre que emanaba del pecho de la joven.

Ahora, la chica era consciente de lo sola que estaba. 
Ahora, la chica era consciente de que necesitabaa su enemigo,
pues era lo más parecido a un amigo que tuvo
en su corta vida.


 

 No entiendo por qué he escrito ésto. No tiene sentido ._.
 
 
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