.

La suave caricia del viento hace contacto con mi cuerpo;
jugando con la fina tela que me envuelve.

Me estremezco dejándome llevar por una
gelidez desagradable.

No me gusta el frío;
se siente vacío.

No sé cuánto tiempo llevo sentada en el banco,
esperándote con un vestido fresco de gasa.

El sol amenaza con ocultarse en el horizonte
y ser sustituido por la noche.

Suspiro.

Me habías prometido que vendrías...
...y no estás.














La hora del crepúsculo ha llegado.

.
.
.

Y yo sigo aguardándote en el banco.






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Porque no hay nada que supere a la fantasía

Porque no hay nada que supere a la fantasía

Érase una vez...

Érase una vez...

Eres el visitante número...