La bruja del Miedo

 

La bruja del Miedo se mantuvo pensativa, mirando cómo el sol se iba ocultando tras la colina de la discordia. Aquella imagen le traía recuerdos amargos de momentos pasados. Dichos recuerdos le hacían recaer con más ímpetu en su amargura, pero eran como una droga, y por ello era incapaz de olvidarlos.

En sus imágenes pasadas rememoraba aquellos instantes en los que fue feliz; en los que se sintió amada. Tras ellos, y en contraposición a sus retazos dichosos, reflexionaba sobre su amargura y el porqué de ella.

Dibujo realizado por David

Todo el veneno de su vida había sido ocasionado por su egoísmo y por sus ansias de eternidad; para, finalmente, degenerar en una Nada de desolación y eterna nostalgia.

La bruja del Miedo, en aquel momento fue consciente de sus acciones, y de que tal vez era demasiado tarde para hallar una solución a sus circunstancias. Cansada, cerró los ojos; dándose cuenta de que el crepúsculo había finalizado, y con él, concluido su monótono y solitario día. Ahora, el astro rey había dado paso a la diosa Selene.

Los destellos blanquecinos de la luna se reflejaron en el espejo que pendía desde hacía años en el cuello de la bruja, e impactaron de pleno en la rosa morada que sostenía en su mano izquierda. Quizá aquello era una señal; quizá solucionaría algo haciendo las paces con Soledad.

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