Mirar atrás



Llega un determinado momento en la vida en el que no lo puedes evitar, y miras atrás. Y evalúas todos tus errores y aciertos; todo lo positivo y lo negativo. Haces balances. Después, nostalgia. Sientes un punto amargo en tu pecho; un rayo de luz que, a la vez que irradia brillo, exhuma hiel. Por una parte, piensas que es genial haber dejado abandonados en la gasolinera esos momentos tristes y dolorosos y, por otra, quieres volver a saber de ellos. La mera certeza de no volverlos a experimentar te asusta. Y es que, francamente, da miedo pensar en que todo lo que conocíamos, tal y como era, ha desaparecido. Nada volverá a ser como antes; el dios del tiempo lo cambió. Como cuando hicimos queso de la leche; resulta imposible revertir el efecto.

Y las cosas son así. Nos guste, o no nos guste, lo que quedó atrás jamás regresará. Y no nos queda otra que asumirlo aunque, de vez en cuando, nos guste echar una ojeadita atrás. 




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Porque no hay nada que supere a la fantasía

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Érase una vez...

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