.

La chica se detuvo en seco y contempló el espejo.

—Hola.
Hola.
—Mi nombre es Luna.
El mío también.
—¿Quién eres?
Soy tú.
—Eso es imposible; sólo puede existir un yo en éste mundo. Tú eres una burda copia barata mía.
No; tú no eres yo.
—¿Qué dices? ¡Deja de liarme! Ahora mismo romperé el cristal, y como tú eres mi reflejo te harás trizas.

... Y entonces la copia barata se hizo añicos.

Ya te dije que tú no eras yo.

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Porque no hay nada que supere a la fantasía

Porque no hay nada que supere a la fantasía

Érase una vez...

Érase una vez...

Eres el visitante número...