Cuando la mera locura no es suficiente.
Cuando la insignificante esperanza se desvanece.
Cuando las noches se hacen desquiciántemente largas.

Cuando los segundos son eternos.


Cuando no me miras.
Cuando no me escuchas.
Cuando no me hablas.
Cuando no me tocas.




Mis razones de existir se consumen, porque soy tan patética que antepongo cada uno de tus deseos sobre todo aquello importante para mí.

A nada.

Y tú te aprovechas de ello.

Porque lo sabes.

Juegas conmigo.

Mas eres plenamente cociente de que te quiero, y que haría cualquier cosa por ti.


























«[...]Ya que, nueve veces por ti vivo...
...y diez por ti muero».





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Porque no hay nada que supere a la fantasía

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Érase una vez...

Érase una vez...

Eres el visitante número...