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Y entonces fue cuando aquella chiquilla vislumbró la realidad; cuando se percató de la dureza del mundo y la crueldad de las personas. Lentas lágrimas se deslizaron, entonces, como consecuencia de su chocante contacto con la vida.

Aquella chiquilla descubrió que no todo era de color de rosa; que los príncipes se preocupan más por sus vehículos que por sus princesas, que el dinero no crece en los árboles como en Los Sims y que en ocasiones hay que esforzarse hasta para respirar.

La venda de los ojos de la chiquilla permanecía en el suelo mientras ésta la contemplaba vehementemente. Se acachó y la recogió para después situarla en su ángulo de visión.

Tal vez, si la gente luchara se podría hacer de este sitio un lugar mejor, pero aún así, la chiquilla era lo suficientemente inteligente para saber que algún gilipollas jodería la marrana, puesto siempre encontraremos a individuos a los que les guste hacer daño gratuitamente.

La chiquilla sonrió en la oscuridad protectora de su venda. Sí, aquello era más bonito que amargarse desinteresadamente.

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Porque no hay nada que supere a la fantasía

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Érase una vez...

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