Envidia Sana


La chica vislumbró al chico y sintió envidia; era amarga y punzante. Se le clavaba en las entrañas como si se tratara de una daga repleta de la ponzoña de una pitón.

Estaba enamorada de él, y él de ella. No obstante habían cosas que ella pensaba que no estaban bien; cosas que creía que la hacían desmerecedora de estar a su lado. Él era un chico dulce y atento; algo introvertido y tal vez innecesariamente tímido, y aún a pesar de ello, había sido capaz de hallar amigos en el lugar en el que él vivía; podía salir con ellos sin la necesidad de situar una fecha para ir a verles.

La chica anhelaba tener esa suerte. Ojalá fuera tan sociable como él... Ella aparentemente tenía muchas amistades, pero aún así sentía que muy pocas de ellas eran auténticas.


El chico vislumbró a la chica y sintió envidia, dicho sentimiento le hacía sentirse prescindible; hacía que se juzgara a sí mismo como un ser irrelevante, nimio en contraste con su alrededor.

Estaba enamorado de ella, y ella de él. No obstante habían cosas que él pensaba que no estaban bien; ella era demasiado popular y carismática como para estar a su lado. Era divertida y graciosa, sincera y con la carente de un filtro de lo que decía a lo que pensaba; no le extrañaba que con aquella personalidad tan extravagante y única hubiera sido capaz de conocer a tantas personas de tantos lugares distintos.

Él la admiraba por ello, aunque se apreciaba como un cero a la izquierda, ya que muchos de los conocidos de la chica no sabían ni su nombre; él era únicamente "Su novio". Ojalá fuera capaz de perder su timidez y conseguir no ser olvidado entre aquella multitud, pues aun a pesar de que tuviera amigos desde que era pequeño y los apreciaba, él deseaba tener la facilidad de la chica de relacionarse.





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