De reflexiones e ideas vagas



           Hoy creo que es un día para reflexionar. O, mejor dicho, una noche. Hay muchas cosas de mí que no me gustan y, si soy sincera, creo que tengo más defectos que virtudes. Me gustaría ser más diplomática, menos rencorosa, y dejar de hacer daño a las personas que me importan. Sé que te hago daño, cielo, pero no soy capaz de actuar de otro modo. Soy tan temperamental, tan impulsiva, que todo me sale al revés. Y luego me siento mal por ti, quien más me importa. Por favor, solo no lo olvides. Te quiero, mucho, y nada lo hago para perjudicarte. Las emociones vienen y me queman. Y no sé hacer nada al respecto. Solo las siento, y estallo. Ser comprensiva, eso necesito, y aprender a encararlas de otra forma. 

           Pienso que uno de los motivos por los que empecé a escribir fue por esto; por las emociones. Me ayuda a ponerlas en su sitio cuando me desbordan y, de algún modo, encuentro la paz. Cuando tecleo todas las cosas salen hacia fuera y el mundo me parece un lugar más sencillo, menos cruel, más brillante. Y encuentro luz, y me gusta. Las palabras me sanan; me hacen ser alguien mejor y me incitan a progresar. Si no fuera escritora no sería nadie.

           Prometo madurar y asimilar que las cosas no siempre pueden ser como a mí me gustaría. Prometo crecer, evolucionar, y seguir amándote con todas mis fuerzas. Dejaré atrás el rencor por ti.





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