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 Quiero confesar

que tengo a un basilisco

encerrado en mi pecho.

Que, cuando tú,

verdugo y carcelero,

apresaste a mis silencios

provocaste,

con tu egoísmo,

que eclosionara su huevo.

 

El basilisco en mi pecho,

me partió desde dentro y, 

con los pedazos de mí,

renací como un fénix.

Así pues,

pienso quebrar tus huesos.

Y me beberé tu sangre,

y te zurciré el pellejo.

 

Qué mis fuerzas son el fénix

y mi odio un basilisco.

¿Puedo seguir viviendo

con tantas contradicciones

en mis lamentos?

 Quisiste destruirme 

y lo conseguiste.

La herida que me infringiste

hizo que nunca

vuelva a ser la misma.

 

Tengo a un basilisco

encerrado en mi pecho,

y a un fénix que calcina

todos y cada uno de mis recuerdos,

para que nunca exista la prueba

de cuando fueron tuyos

todos mis «Te quiero».

Tri(s)tón

Navegante en un mar
del que jamás podía escapar.
Si buscaba la superficie,
me engullía la corriente
hasta mis huesos desollar.
Si buscaba hundirme,
me arropaba la oscuridad,
 mientras se llenaban mis pulmones de sal.
Yo jamás moriría
porque la muerte era un capricho
para la gente con corazón. 

Navegante en un mar
sin velero ni capitán.
Me dijeron que, como última esperanza,
podía ir a rezar
a las (carac)olas.
Podía pedirles que fuera a buscarme
el kraken con el cofre de Davy Jones
y robarle así los latidos de su pecho,
para poder quedármelos yo.

Navegante en un mar,,
me encontré con el señor tritón.
Y me miró tristona, y me sonrió.
Fue lo bastante cálido entre el salitre
como para ensamblar todos los cachitos
en los que me había convertido.
Después tomó una parte de su corazón
para compartirla conmigo.
Al fin podía morir,
pero ya no me apetecía.




.



Cuando caes víctima
de su enredo.
Y tienes la certeza
de que en tu contra
el monstruo apunta.

Te enfadas
y protestas.
Pero tu alrededor ve
que tus formas
no son correctas.
Así que pierdes
cada reyerta.

Mientras tanto
el monstruo
desde su pedestal
busca tomar tu lugar.

Qué el monstruo
está blindado
con sus quimeras
y por tu enfado.
Qué si estás enfadada
no llevas razón.



Las formas,
recuerda,
benefician
al mejor actor.





#



No ser lo suficiente buena
 y que la expectativa quiebre.
Tener un sueño, 
y no alcanzarlo.

Querer escribir
mejor que cualquiera.
Competir con poetas,
menospreciar mis letras.

Talento, ¿estás ahí?
¡Te llamo! 
¡Te reclamo!
Griiiiiiiiiiiiiito.
Y no te alcanzo.

Soy mediocre,
y no es reproche.
Mi talento se diluye
en un océano enorme.

Un doña nadie, 
del montón insignificante. 
Tengo los pies muy pequeños
para zapatos semejantes.






Vengo a deciros


Vengo a deciros
que naufrago.
Que en el océano,
vago como una náufrago.
Y estoy perdida;
sin timón,
ni velas,
ni barco.

La olas enrarecidas,
y el fondo del mar
sin conchas.
Vivo entre la sal marina
de desazones 
e ideas toscas.

Vengo a deciros,
que naufrago.
Que en el océano
los tiburones han devorado
mis ideas, 
y mis sueños:
las ilusiones 
que siempre arrastro.

Las olas enrarecidas
y el fondo del mar
sin conchas.
Vivo olvidando
que las gaviotas 
indican la costa.

Vengo a deciros
que naufrago.
Y que es hermoso
existir sin timón,
ni velas,
ni barco.




Tengo las palabras atragantadas



Tengo las palabras atragantadas;
abro la boca, y nada.
Quiero,
pienso,
siento,
padezco.

Tengo las palabras atragantadas;
y eres tú quien no me permite sacarlas.
Esclava de los silencios
funambulista de medias verdades.

Dices tener razón
desde donde empiezan
hasta donde terminan 
mis males.

Tengo las palabras atragantadas
y no me ayudas a liberarlas.
Piensas,
sientes,
padeces.
Lo tuyo siempre.

El dolor me socava,
me hunde,
me humilla
y me rebasa. 
Lo tuyo siempre.

Es tu inmovilismo una jaula;
de grilletes gruesos 
y gruesas amenazas.

Derramo lágrimas como 
un cántaro a rebosar. 
Que cargo yo sola,
mi cántaro de agua.

Tengo las palabras atragantadas
y me olvido de mis demonios.
Lo tuyo siempre.

Somos las mujeres
quienes ni sienten,
ni padecen.






Sincronía



Cuando te miro a los ojos
veo un «Te amo»;
cuando tus ojos me miran
ven un «Para siempre».

Y por ello,
te confieso
que te adoro
que te anhelo.

Eres mi tesoro sumergido 
entre las sábanas,
entre las corrientes,
de nuestra cama.

Hundámonos en sus profundidades
y olvidémonos de
todo,
y nada.

Hasta darnos cuenta de 
que nuestros corazones
comparten los mismos latidos
de una misma alma.




 
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